Comparación: un mal hábito

María Robles Comparación: mal hábito

La comparación con el que tenemos al lado es muy frecuente.

Solemos compararnos con los que tenemos alrededor, y no nos damos cuenta del sufrimiento interno que lleva parejo este hábito.

Cuando alguien se compara con alguien o con algo, automáticamente se pone en una posición de inferioridad, y por ello la comparación siempre es negativa para nosotros mismos.

Solemos compararnos con personas más exitosas, que tienen mejor forma física, que tienen alguna cualidad que nosotros deseamos…

Y esto es porque nunca nos vamos a comparar con alguien que creamos que tiene menos cualidades que nosotros.

Además no nos comparamos en global, sino que nos comparamos en alguna cualidad en concreto de las que nosotros flaqueamos, contribuyendo así a pensar que tenemos que mejorar muchos aspectos de nosotros mismos.

O también a sentirnos mal con nosotros mismos día tras día, comparación tras comparación.

¿Hay alguna comparación que puede ser beneficiosa?

La única comparación que está permitida es aquella que hacemos con nosotros mismos, con nuestro yo del pasado.

Cada persona es única y ha tenido unas vivencias y unas oportunidades diferentes, por ello no podemos compararnos con alguien que no ha vivido, sentido y tenido las mismas oportunidades que nosotros.

Las comparaciones son negativas porque distorsionan la imagen que tenemos de nosotros mismos, cuanto más nos comparemos, más se distorsionará.

Una persona que se compara mucho con los demás suele tener baja autoestima y con este hábito contribuirá a que su autoestima disminuya aún más.

Si nos comparamos diariamente con los demás no nos daremos cuenta de todas las cosas buenas que nosotros tenemos. Y no nos dejará avanzar ni progresar en nuestro camino.

Hemos de aprender a apreciar lo bueno que tienen los demás y admirarlo, no a envidiarlo. La envidia, por “muy buena” que digamos que es, es mala en todas sus formas.

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Estrés académico

María Robles estrés académico

¿Es malo el estrés académico?

El estrés académico es algo absolutamente normal y a todos nos ha pasado. Muy pocas personas pasan el período de exámenes sin preocupación.

Los que estudian mucho tienen estrés porque aspiran a notas altas; los que estudian en la media lo sufren por el temor de que les pregunten algo que han pasado por alto o que no dominan del todo; y los que no han estudiado lo sufren porque quieren aprender todo en muy poco tiempo.

Hasta aquí lo normal, y es que el estrés académico es bueno siempre que no superemos un determinado nivel, ya que nos facilita una disposición para activarnos y buscar nuestros objetivos o afrontar los desafíos que nos vienen por delante, en este caso los exámenes.

Pero si superamos el nivel normal de estrés entramos en el campo de lo disfuncional: entonces el estrés se convierte en miedo y puede bloquearnos. Así, el que estudia mucho puede tener estrés por no sacar sobresaliente en todos los exámenes, el que estudia normal puede no tolerar un solo suspenso, y el que estudia poco puede tener un estrés demasiado alto si en lugar de pensar en el próximo examen ve peligrar todo su futuro.

¿Cómo se puede prevenir?

Para evitar que el estrés nos domine y se convierta en algo patológico, es recomendable seguir una serie de pautas que nos ayuden a controlarlo, y evitar así que el estrés sea el que nos controle a nosotros:

  • La más importante es identificar el estrés académico; esto es, comprender que no estamos en una etapa fácil, pero que pronto pasará; los exámenes son una etapa que implica una gran dedicación física y psicológica y en la que vamos a dejar de lado muchas facetas de nuestra vida.
  • Otra recomendación fundamental es la adecuada planificación del tiempo de estudio a lo largo del período en el que se esté dando la materia. De esta manera podremos llegar al examen con todo leído y preparado al menos una vez. Es deseable que los apuntes ya estén preparados al gusto o a la manera de estudiar de cada uno.
  • Además, debemos dormir el tiempo necesario para asegurarnos un buen descanso. El sueño es imprescindible para memorizar la información aprendida durante el día.
  • Por otro lado, estudiar en un lugar en el que nos sintamos a gusto es fundamental porque sino incrementará nuestro nivel de alerta y nos concentraremos peor, lo que hará que pasemos más tiempo sentados en la silla sin sacar rendimiento al mismo.
  • Reducir al máximo las distracciones, especialmente el móvil.
  • También cuidar la alimentación nos ayudará a controlar el estrés.
  • Sobretodo se han de hacer descansos cada una hora u hora y media. Tras ese tiempo de estudio la atención, concentración y capacidad de memorización empiezan a disminuir y el estrés aumenta proporcionalmente, por lo que es necesario parar algunos minutos. También descansar después de estudiar y dedicarnos a otras actividades placenteras.
  • No abusar de los estimulantes como el café, coca cola, bebidas energéticas… aunque pueden mantenernos despiertos cuando empezamos a cansarnos, posteriormente pueden generar más estrés. Como hemos dicho antes, un sueño adecuado es imprescindible.
  • También realizar ejercicio físico nos ayuda a liberar la tensión acumulada, a detener los pensamientos rumiativos, y libera endorfinas, lo que disminuye el estrés y nos hace sentirnos mejor.
  • Por último, a las personas más nerviosas o con tendencia a pasarlo muy mal durante los períodos de mayor estrés académico puede serles muy beneficioso practicar técnicas de relajación o meditación.
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