La urgencia psiquiátrica

María Robles Urgencia Psiquiátrica

¿Corre peligro la vida?

Una urgencia psiquiátrica no tiene porqué conllevar un riesgo vital para el paciente.

En algunos casos sí existe un riesgo potencial para el paciente o para las personas que están a su alrededor, pero no es una condición indispensable para que una situación sea considerada una urgencia psiquiátrica.

Entendemos como urgencia psiquiátrica aquel momento en el que una persona se encuentra emocionalmente bloqueadao sobrepasada por una situación actual.

En ocasiones una noticia imprevista, un accidente, una pelea, un hecho fuera de la rutina cotidiana… puede hacer que la persona se sumerja en un bloqueo emocional o, por el contrario, en un estado de gran ansiedad que no sea capaz de manejar.

Por otro lado, una urgencia psiquiátrica es también aquella situación en la que la persona presenta conductas desorganizadas porque su juicio de realidad está alterado.

En estas situaciones sí que puede existir un riesgo vital tanto para la persona como para los que le rodean, debido a lo impredecible de sus acciones, bien porque se encuentra en una agudización de su enfermedad mental.

O también puede ser que nos encontremos antes el debut de una enfermedad mental, bien por haber consumido sustancias tóxicas (alcohol, cocaína, cannabis, estimulantes…) en grandes cantidades o en cantidades superiores a lo que suele hacerlo.

¿Qué es lo más importante en la urgencia psiquiátrica?

En una urgencia psiquiátrica es de la máxima importancia saber qué ha pasado con anterioridad a la aparición de la clínica que la persona presenta en este momento.

Si la persona no puede contarlo por sí misma debido su estado, es de gran ayuda la intervención de la familia o de alguien de su confianza que pueda explicar qué ha pasado o cómo ha estado la persona en los días previos.

Una vez que tenemos la información y que hemos explorado al paciente, se ha de descartar que no haya una enfermedad médica subyacente que esté causando el cuadro clínico actual.

Esto se hace en base a la información aportada por la familia, por el paciente, con los antecedentes médicos, psiquiátricos y toxicológicos del paciente y según la exploración psicopatológica, pues es muy importante tener en cuenta siempre la posibilidad de que haya una causa orgánica que justifique lo que está pasando. 

Es prioritaria la atención especializada del paciente que se encuentra en un momento de crisis vital, puesto que los efectos del sufrimiento mantenido en el tiempo repercuten de forma importante en la funcionalidad de las personas a corto, a medio y largo plazo.

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La comparación con otros

maría robles comparación

¿De dónde viene la comparación?

La comparación es algo a lo que estamos acostumbrados desde pequeños, pero NO desde que nacemos. Vivimos sin compararnos hasta aproximadamente los 12-18 meses, cuando por primera vez nos reconocemos a nosotros mismos.

Una vez que nos reconocemos a nosotros mismos, los demás cobran también otro sentido para nosotros y, sin quererlo, se convierten en otros “espejos” para nosotros. Soy más pequeño que mi hermano, soy más alto que esa niña, soy muy parecido a papá… Y de esta manera pareja a la creación de la identidad, se va construyendo el autoestima.

Además, la comparación no siempre es mala. Necesitamos tener unos cánones con los que compararnos para que la sociedad funcione.

¿Qué hacemos cuando nos comparamos con los de nuestro entorno?

Al compararnos con algo siempre nos estamos poniendo en situación de inferioridad, no nos comparamos con algo que creemos que tiene menos cualidades que nosotros o con cosas que no tienen valor para nosotros. Siempre nos comparamos con aquello que anhelamos poseer ya sean cualidades, relaciones, objetos materiales, oportunidades vitales…

La comparación tiene un componente de idealización o deseo por aquello con lo que nos comparamos, y por ello, siempre vamos a salir perdiendo.

Además no nos comparamos como una totalidad cuando nos comparamos con alguien, me explico: nos comparamos con X porque tiene las oportunidades laborales que a nosotros nos gustarían, con Y porque tiene unas facciones que la hacen muy atractiva, con Z porque tiene la casa que desearíamos, con H porque tiene la relación conyugal perfecta…. Y así sucesivamente.

Entonces no “nos cambiaríamos” por una persona, sino que nos cambiaríamos por diferentes personas en distintos ámbitos. Por ello la comparación también tiene una parte de irrealidad ya que no nos cambiaríamos enteros por otra persona, sino solamente algunos aspectos.

¿Qué pasa si nos comparamos diariamente?

A menudo nos pasamos el día pensando y nos sumergimos en una espiral de pensamientos comparativos, pues hemos de empezar a ir identificándolos, y cuando lo hagamos recordarnos que la comparación es una fuente de frustración crónica.

Esta frustración puede acabar dando lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del estado de ánimo y, en resumen, a una infelicidad constante. Nunca vamos a reunir los suficientes requisitos ni a tener las suficientes pertenencias.

¿Qué debemos hacer?

Debemos ser en todo momento conscientes de lo que estamos sintiendo, lo que no es fácil, pero se puede entrenar día a día. La única comparación aceptable es con uno mismo, pues uno mismo es la única persona que ha pasado por las mismas circunstancias vitales, y por eso solamente debemos compararnos con nuestro yo del pasado.

Mirar a los demás nos hace sentirnos pequeños y volver atrás, porque solamente nos fijamos en aquellos que van por delante y nunca en los que van por detrás. Además cada persona tenemos unas vivencias personales diferentes a las de cualquier otra persona.

Nuestras cualidades, nuestros defectos, nuestra red de soporte afectivo, las oportunidades económicas, la familia… todo es diferente de una persona a otra, por ello al igual que somos capaces de ver estas diferencias, hemos de ser capaces de interiorizar que la comparación carece de sentido porque nadie a vivido y sentido exactamente lo mismo que uno mismo.

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