Estigma en salud mental

María Robles estigma en salud mental

Ir al psiquiatra o al psicólogo, aún a día de hoy sigue estando rodeado de cierto estigma. Aunque afortunadamente en la última década se ha contribuído al acercamiento de la ansiedad y la depresión a la población general.

El estigma y la discriminación afectan de manera negativa en todos los aspectos de la vida a muchas personas con trastorno de salud mental.

¿Qué es el estigma?

Estigma viene del latín stigma, stigmatis, que significa marca impuesta con hierro candente en señal de infamia, y ésta del griego antiguo stigma, stigmatos, que significaba marca con hierro candente.

Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define el estigma como “desdoro, afrenta. Mala fama”.

Goffman define el estigma como el proceso en el que “la reacción de los demás estropea la identidad normal” o un atributo profundamente desacreditador, y reconoce a la enfermedad mental como una forma de estigma.

Desde el punto de vista de la Psiquiatría, el estigma en la enfermedad mental es “el conjunto de actitudes sociales negativas hacia la enfermedad mental” y que aumenta el sufrimiento, el aislamiento social y el acceso a servicios y ayudas”.

Todo esto repercute negativamente en su entorno más inmediato, familia, amigos, cuidadores, etc., y deteriora su calidad de vida ( relaciones sociales, pareja, empleo, vivienda, salud, etc.).

Entonces no viene de la enfermedad mental…

El estigma viene dado por “los demás”, o sea por los que no están enfermos ni son familiares, amigos o cuidadores del enfermo. Los demás son, por tanto, la sociedad. Los individuos, las instituciones, etc. Y los medios de comunicación, que en este caso actúan como medios de incomunicación, o, al menos, como medios de propagación del estigma.

Esta actitud es percibida por el enfermo, que se ve afectado por ella (autoestigma) y reacciona asumiéndola o tratando de evitar ser etiquetado de enfermo mental.

En el primer caso puede sentirse débil, incapaz de cuidar de sí mismo, desmoralizarse y abandonar todo intento de llevar una vida independiente.

En el segundo caso tratará de evitar el diagnóstico y la ayuda de los profesionales. Pero raramente reacciona reivindicándose en contra del estigma.

¿Afecta solamente al enfermo?

También la familia se ve afectada por el estigma, sobre todo por el autoestigma. Al notar el rechazo de la sociedad hacia su familiar enfermo interioriza su culpabilidad y aparecen sentimientos de responsabilidad, de vergüenza y de negación de la enfermedad, lo que lleva a evitar que los demás (otros familiares, los amigos, etc.) tengan conocimiento de que existe la enfermedad en su familia.

Además está la propia interacción de la enfermedad en el núcleo familiar (cuidados, medicación, consultas, ansiedad por el futuro…). Todo lo cual puede retrasar la búsqueda de tratamiento y apoyo para el enfermo y para ellos mismos, debilitando sus posibilidades de enfrentar el problema y agravando las repercusiones negativas.

¿Cómo se manifiesta?

De un modo general el estigma se pone de manifiesto en tres aspectos del comportamiento: Estereotipos, prejuicios y discriminación.

Los estereotipos son las creencias (o los conocimientos) que la sociedad tiene sobre la enfermedad mental; los prejuicios son la predisposición que se tiene con respecto a quienes están afectados de los estereotipos, y la discriminación son las acciones, habitualmente negativas, que se producen ante quienes están estigmatizados.

El proceso de estigmatización básicamente consta de cuatro pasos: el etiquetado (la identificación de la diferencia, en este caso la enfermedad mental); la estereotipización (la asignación a los etiquetados de las creencias de los estereotipos); la diferenciación (formación de un grupo diferente: ellos frente a nosotros); la repercusión en el que estigmatiza (miedo, irritación, compasión) y en el estigmatizado (miedo, ansiedad, vergüenza), y pérdida de estatus del estigmatizado.

En todos los pasos el grupo estigmatizador ha de ser más poderoso que el estigmatizado, condición sin la cual no funciona el estigma.

¿Se puede luchar contra el estigma?

En lo que respecta a las estrategias de lucha contra el estigma, las más habituales son la protesta, la educación y el contacto social.

La protesta social parece ser útil a corto plazo, pero sus efectos disminuyen y desaparecen con rapidez, habiendo incluso efectos de rebote.

La educación de la sociedad es más útil, especialmente los programas a largo plazo que incluyen la transmisión de información, la discusión y la presencia de ​personas afectadas, pero por sí sola tampoco garantiza la resolución del problema dada la carga emocional de los estereotipos y prejuicios.

El contacto y la interacción social cuenta con alguna evidencia experimental, aunque es necesaria más investigación para dilucidar los mecanismos intervinientes.

Referencias

1. Marija Miric, José Luis Álvaro, Rafael González, Ana Raquel Rosas Torres. Microsociología del estigma: aportes de Erving Goffman a la conceptualización psicosociológica del estigma social. [Revista Psicología e Saber Social, 6(2)] s.l. : Psicología e Saber Social, 6(2) 172-185, 2017, 2017.

2. Corujo, Pedro Quirós. Ser o estar loco. Asturias, España : Revista oficial del Colegio Oficial de Médicos de Asturias, Abril 2.019.

3. López, Marcelino et al. La lucha contra el estigma y la discriminacióin en la salud mental. Una aproximación compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsq. (online), 2008, vol. 28, n. 1 (citado 2019-04-29).

4. Manuel Muñoz, Eloísa Pérez Santos, María Crespo y Ana Isabel Guillén. Estigma y enfermedad mental. webs.ucm.es.

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Modificación de un hábito

María Robles Modificación de hábitos

Hábito significa modo de proceder adquirido por repetición de actos iguales u originado por tendencias instintivas.

Los hábitos pueden ser buenos o malos. Los buenos mejoran la calidad de vida, pero los malos tienen consecuencias negativas, muchas veces dañinas e irreversibles.

Hay multitud de hábitos y diversos factores intervienen en su formación, pero pueden clasificarse en tres tipos: sensoriales, motores e intelectuales.

Los sensoriales están vinculados a los sentidos, por ejemplo la percepción del matiz de los colores por un pintor; los motores se relacionan con movimientos como caminar, escribir, etc., y los intelectuales son el resultado de la actividad de pensar.

Los hábitos son adquiridos y, por tanto, modificables. Pero modificar o abandonar un hábito es muy difícil y bastante complicado.

¿Cuáles son las etapas para modificar un hábito?

Se considera que hay seis etapas en la modificación de un hábito:

1. Precontemplación: Cuando aparece ante nosotros el daño. Por ejemplo cuando nos dicen​que no deberíamos beber tanto o cuando nos damos cuenta de que bebemos más de lo que necesitamos. Pero al mismo tiempo buscamos razones para no hacerlo.

2. Contemplación: Ya no se buscan razones para no cambiar, se asume la conducta dañosa y hasta se hacen propósitos para cambiarla o abandonarla, y hasta se pueden hacer intentos, que enseguida se abandonan.

3. Preparación: El haber hecho intentos de cambiar sin haber tenido éxito, lleva a conocer que abandonar el hábito es costoso y difícil, pero ya se tiene conciencia de que es necesario.

4. Concreción: Aparecen los esfuerzos conscientes y continuados por abandonarlo, y se consiguen ciertos logros, aunque no se logra el éxito. Muchas veces por carecer de una estrategia adecuada.

5. Mantenimiento: El hábito se ha abandonado ya, pero queda la tarea de evitarlo y persistir en la nueva conducta.

6. Recaída: Es la vuelta a la conducta de hábito, pero nunca se vuelve al punto cero: las tres primeras fases ya no son necesarias si se quiere volver a intentar el abandono, aunque es recomendable empezar en la tercera y revisar las estrategias.

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