Afectividad y sueño

María Robles Afectividad

¿Qué es la afectividad?

Afectividad es la capacidad de reacción que presenta una persona ante los estímulos que provienen tanto del medio interno como del externo, y sus principales manifestaciones son los sentimientos y las emociones. Por ello no es de extrañar que se vea afectada en las alteraciones del sueño. También el sueño se ve afectado en los trastornos psiquiátricos, y esta afectación puede, en algunos casos, predecir una exacerbación de la enfermedad o el inicio de una crisis. Existe, pues, una relación bidireccional entre el sueño y la afectividad: La mayoría de las personas con un trastorno psiquiátrico presentan alteraciones del sueño y quienes tienen un trastorno del sueño presentan frecuentemente trastornos psiquiátricos.

El insomnio a menudo se relaciona con alguna patología mental y los insomnes suelen tener peor salud mental y física, y alto riesgo de desarrollar trastornos depresivos (3). También se ha relacionado la gravedad y la cronicidad del insomnio actual con los antecedentes psiquiátricos, y el insomnio crónico puede ser un síntoma residual de un trastorno mental previo.

A pesar de todo ello, ninguna variable de sueño tiene especificidad para ningún trastorno psiquiátrico. La mayoría de los pacientes con patología mental presentan una reducción significativa de la eficiencia de sueño y del tiempo total de sueño (4).

¿A quién afecta?

Los trastornos del sueño son más frecuentes en las personas con depresión que en la población general (4), y los insomnes crónicos tienen mayor riesgo de desarrollar depresión (3). Además, las alteraciones del sueño son indicadores del pronóstico de un episodio depresivo (3). Se creía que las alteraciones del sueño en los deprimidos eran secundarias a la alteración monoaminérgica, pero actualmente se piensa que también pueden ser primarias debido a que algunos trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia) preceden a la depresión, y algunas personas no deprimidas con historia familiar de depresión tienen anomalías del sueño REM (5).

Las personas con depresión presentan dificultad para dormirse, despertares frecuentes y despertar temprano, siendo habituales las quejas de insomnio, sueño no reparador y somnolencia o fatiga diurna (4). En la depresión bipolar el insomnio suele asociarse a hipersomnia, dificultad para despertar e hipersomnolencia diurna.

En la polisomnografía es característico la disminución de la latencia del sueño REM, aumento de la duración del sueño REM, aumento de la densidad de los movimientos rápidos de los ojos y alteración de la distribución temporal del sueño REM (aumenta en la primera mitad de la noche). El sueño NREM está disminuido y su primer período es más corto (4,5).

Referencias:

  1. Baglioni C, Nanovska S, Regen W, Spiegelhalder K, Feige B, Nissen C, Reynolds CF, Riemann D. Sleep and mental disorders: A meta-analysis of polysomnographic research. Psychol Bull. 2016;142(9):969-990.
  2. Benca RM, Obermeyer WH, Thisted RA, Gillin JC. Sleep and Psychiatric Disorders: A Meta-analysis. Arch Gen Psych. 1992;49(8):651-668.
  3. Eaton WW, Badawi M, Melton B: Prodromes and precursors: epidemiologic data for primary prevention of disorders with slow onset. Am J Psychiatry. 1995;152(7):967-72.
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El duelo

María Robles duelo

¿Qué es el duelo?

El Duelo es un proceso interior que se realiza tras la pérdida de una relación afectiva (de pareja, familiar, de amistad, laboral, cambio de trabajo, de residencia…).

Es por eso que haremos un proceso de duelo después de cada pérdida que tengamos en nuestras vidas, aunque está claro que no todas las pérdidas tienen la misma repercusión en nuestras vidas.

La mayoría de los duelos se resuelven espontáneamente, pero en ocasiones es preciso consultar a u profesional si la duración es prolongada o la clínica muy invalidante.

¿Cuántas fases tiene?

Los diferentes autores han descrito varias fases, expondremos aquí las fases del duelo según la teoría de Elisabeth Kübler-Ross (1969).

Para explicarlo nos centraremos en la pérdida afectiva por fallecimiento.

Es importante tener en cuenta que no todas las personas pasan por todas las fases ni se dan siempre en el mismo orden.

1. Fase de negación

Es una de las primeras reacciones ante la pérdida de un ser querido. Esto nos protege inicialmente del sufrimiento, por eso en los primeros momentos nos encontramos tan “enteros”.

Es como si no hubiera ocurrido, por eso nos encontramos como en una especie de calma. Si nos estancamos en esta fase, aparecerá un duelo patológico.

2. Fase de enfado o ira

En esta fase aparecen sentimientos de rabia, rencor o resentimiento. Es frecuente que busquemos algún culpable o alguien responsable de esa ausencia.

Los sentimientos de rabia o ira son secundarios a los sentimientos de frustración ante esta situación irreversible y sin solución.

3. Fase de negociación

En esta fase presentamos una actitud fantasiosa, ¿qué hubiera pasado si….? ¿Y si…? Es la fase en la que nos hacemos preguntas de cómo podría haberse cambiado o revertido la situación.

4. Fase de tristeza o depresión

A pesar de su nombre, no indica que la persona tenga que pasar por una depresión y recibir tratamiento especializado por ello. Lo que ocurre es que tras la negociación, aparece una tristeza profunda y una sensación de vacío interior.

Estas emociones son normales ante las pérdidas afectivas.

5. Fase de aceptación

Tras la fase de depresión llega el momento en el que aceptamos la pérdida, aprendemos a vivir en un mundo en el que la persona fallecida ya no está y lo reubicamos en nuestro mundo interior.

En esta fase la persona vuelve a disfrutar del ambiente que la rodea y es capaz de sentirse alegre.

¿Cuáles son las tareas que debemos realizar para resolver un duelo?

  • Aceptar la realidad de la pérdida
  • Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida
  • Adaptarse a un medio en el que esa persona ya no está
  • Recolocar emocionalmente a esa persona y continuar viviendo
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Factores que influyen en la comunicación

La comunicación puede situarse en tres niveles diferentes:

  1. Intrapersonal: cuando una persona se envía un mensaje a sí misma.
  2. Interpersonal: cuando dos personas se envían mensajes entre ellos.
  3. Pública: cuando varias personas se comunican entre sí.  Es la comunicación que se realiza más comúnmente.

¿Cuáles son las barreras que nos encontramos en la comunicación?

Algunos de los factores personales que influyen en la comunicación son:

  1. La Percepción: es la imagen que uno se hace del mundo y del otro es un elemento esencial en la comunicación. La percepción es un gesto personal ya que todos los datos que un individuo posee sobre el mundo deben pasar por sus sentidos.  La percepción siempre es selectiva.
  2. Los valores: están muy relacionados con la autoestima e influyen en gran manera en el proceso de comunicación porque son diferentes para cada uno, a veces se intenta imponer en el interlocutor. Los sistemas de valores difieren entre las personas por varias razones: edad, transición de la infancia a la adolescencia, el mundo del trabajo, los estudios, la situación de pareja, las relaciones parentales, la educación recibida…
  3. Las creencias: pueden influir en la manera de comunicar. Las creencias pueden clasificarse en tres formas:
    a. Racionales: las que están basadas en evidencias conocidas.
    b. Ciegas: las que uno adquiere en ausencia de evidencia.
    c. Irracionales: las que uno conserva a pesar de las evidencia contrarias.
  4. Los aspectos sociales. Cada sociedad y cada cultura suministran a sus miembros su propia explicación sobre las estructuras y sobre el significado que se les da a las cosas.
  5. Los aspectos culturales: la cultura enseña a los individuos como comunicar a través del lenguaje, los gestos, los vestidos, la comida, la forma de utilizar el espacio…
  6. Los aspectos familiares: los miembros de una familia se relacionan de acuerdo con ciertas disposiciones que por lo general no son establecidas en forma explícita, o siquiera reconocida.
    Constituyen la estructura de la familia que es la que mantiene las interacciones y éstas son la causa de queja o del bienestar de los miembros de la familia..
  7. Otros aspectos:  estado anímico, cansancio, preocupaciones, ansiedades, miedos…

Además, también existen fenómenos psicológicos y afectivos que distorsionan la comunicación:

  1. Efecto halo: la idea que nos hacemos la fundamentamos en un rasgo favorable o desfavorable, lo que nos predispone a favor o en contra del emisor.
  2. Prejuicios o ideas preconcebidas: los rasgos físicos o circunstancias que tiene la otra persona, lo identificamos con cualidades positivas o negativas, para extraer elementos de juicio sobre el mensaje que nos da.
  3. Estereotipos: son similares a los prejuicios, si bien se diferencian en que están basados en imágenes mentales, arraigadas en las personas y en el medio en que viven o del que proceden.
  4. Proyección: atribuir los propios sentimientos o características a la otra persona, haciéndola más fiable, creíble, coherente, por el sólo hecho de que creemos que se parece a nosotros, y rechazar a todas aquellas personas que no se nos parezcan.
  5. Expectabilidad: la predisposición a que ocurra aquello que se espera.

Todos estos factores influyen en la comunicación entre las personas; al ser seres que necesitamos comunicarnos constantemente con el mundo que nos rodea, cuando tenemos problemas de comunicación es frecuente que aparezcan alteraciones del estado de ánimo y/o trastornos de ansiedad.

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Depresión, ¿por qué no la aceptamos?

Vivimos en una sociedad en la que se ha impuesto que hay que ser feliz por obligación. No se nos enseña a ello, no se enseña cómo ser emocionalmente inteligente desde los colegios.

Se nos bombardea de mensajes positivos en todos los sitios: en las redes sociales, en la publicidad, en los productos de papelería… Y es verdad que hay que intentar poner de nuestra parte para lograr ser felices y conseguir un bienestar emocional, pero no todo depende de nosotros mismos.

En la consulta me encuentro con muchos pacientes que sufren síntomas de ansiedad, o una depresión desde hace tiempo y reconocen que algo dentro de ellos no va bien, pero se asustan en gran medida solo de pensar que podrían estar sufriendo una depresión.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana. Los trastornos depresivos pueden estar, en mayor o menor grado, acompañados de ansiedad.

La depresión es un conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: como es la tristeza constante, decaimiento, irritabilidad, sensación de malestar, impotencia, frustración, disminución de la funcionalidad de la persona, cansancio, dificultad para disfrutar de las cosas o para desear hacerlas…

La depresión también se expresa mediante alteraciones en las capacidades cognitivas, volitivas o también a nivel somático.

El origen de la depresión es multifactorial. En su aparición influyen factores biológicos, genéticos y psicosociales.

Aún a día de hoy la depresión es concebida como un signo de debilidad mental, de fracaso, derrota o de vagancia, en ocasiones. En consulta es muy frecuente ver cómo personas que han tenido un alto rendimiento social, académico y laboral consultan porque han tenido problemas en algún ámbito vital y con el tiempo acaban presentando sintomatología ansioso-depresiva y no son capaces de gestionarlo porque lo ven como un signo de debilidad.

No aceptar la depresión como una enfermedad lleva a presentar sentimientos de fracaso, que se encadenan con los de pérdida de la valía personal, y todo esto lo que genera es un empeoramiento del estado afectivo, empeorando así la depresión.

La depresión NO es una debilidad, es una enfermedad.

Al igual que el cáncer, la diabetes, la hipertensión arterial, la gripe o la neumonía, la depresión es una enfermedad y como tal precisa de un tratamiento especializado ya sea psicológico y/o psicofarmacológico, y por ello no debemos sentirnos culpables. Las enfermedades se tratan y no se ocultan. A mi personalmente me gusta poner el ejemplo del cáncer o de la fractura de cadera: si se padeciese alguna de estas dos enfermedades, ¿qué sería lo más lógico?

En el caso del cáncer valorar operación y/o radioterapia y/o quimioterapia hacer un alto en algunos aspectos de la vida para centrarse en recuperar la salud. De la misma manera, cuando alguien se fractura la cadera, lo más sensato es operarse para poder volver a caminar con normalidad, y durante un tiempo tiene que guardar reposo.

Pues bien, si por las enfermedades físicas paramos y hacemos tratamiento… ¿por qué tememos tanto hacerlo por las mentales? No es mostrar debilidad, sino al contrario, es mostrar fortaleza al hacer frente a un estado de salud que no nos está beneficiando.

Con esto no quiero decir que haya que coger la baja laboral o abandonar todas las actividades y obligaciones, sino que hay que valorar cada caso. Lo que quiero decir es que no es motivo de sentirnos fracasados ni débiles por padecer una depresión.

Aquí podéis leer el testimonio de una psicóloga que sufrió ansiedad y decidió contarlo a los demás para ayudarles a entender lo que se siente, y también para contribuir a disminuir los mitos o estigmas frente a las enfermedades mentales.

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