Propósitos de Año Nuevo

¿Cómo acabáis el año?

Sin duda alguna este es un año que nos va a ser difícil de olvidar.

Todos iniciamos 2020 con la esperanza y la ilusión de que esta nueva década nos hiciera más fuertes, más sanos y nos diera más tiempo para disfrutar de nuestros seres queridos.

Y se tornó todo al revés: más solos, más aislados, con menos salud… sí, con menos salud. Porque aunque muchos no tocamos el virus de cerca, todos en una u otra medida hemos perdido parte de nuestra salud mental: la apatía, la desidia, la falta de planes placenteros y de pequeñas cosas que nos hacían desconectar hicieron que hubiera un desánimo generalizado.

Y esto se ha notado en gran medida, y muy probablemente lo seguiremos notando en los meses venideros.

Pero en nuestra mano está asumir nuestra responsabilidad para con nuestra salud mental, al igual que lo hacemos con la física.

Hemos de proponernos trabajarnos a nosotros mismos por dentro, todos tenemos cosas que mejorar que nos pueden ayudar muchísimo a mejorar nuestra calidad de vida. Porque a veces nos hacen sufrir, nos hacen anticiparnos a situaciones que no van a pasar probablemente nunca, nos hacen tener dificultades para relacionarnos con los demás, nos hacen interpretar la realidad de maneras erróneas, nos hacen creer que son los demás los que siempre tienen la culpa.

Por nuestra parte, desde mariarobles.es prometemos un año con muchas novedades y nuevos conocimientos que día a día intentamos adquirir para poder seguir ayudando a todos aquellos que solicitáis nuestra ayuda.

Un abrazo fuerte,

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Tiempo para nosotros

María Robles Tiempo para nosotros

¿Qué es el tiempo?

Sin duda alguna, el tiempo es lo más valioso que tenemos. Es nuestra más valiosa posesión.

Es lo que nos hace priorizar las cosas, las personas, los planes en nuestra vida.

Si tuviéramos tiempo para todo no tendríamos que elegir ni decidir qué cosas queremos hacer en cada momento, pero por desgracia (o por fortuna), nuestro tiempo es limitado.

Y que sea limitado es lo que lo hace valioso. Y uno de los mayores que cometemos es pensar que tenemos tiempo para todo.

Pero no… no tenemos tiempo para todo y nos damos cuenta demasiado tarde: cuando esa persona ya no está, cuando enfermamos, cuando nos perdemos la infancia de nuestros hijos, cuando no nos reunimos con nuestros amigos…

A día de hoy…

El tiempo para nosotros mismos está hasta mal visto, podría interpretarse como una falta de productividad.

En la sociedad materialista/capitalista en la que estamos inmersos, estamos perdiendo nuestros valores morales y el disfrute de las pequeñas cosas de la vida.

Y nos dejamos llevar por nuestro alrededor, por las prisas, por las urgencias, por lo que nos sale a última hora… y vamos dejando de lado el tiempo para dedicarnos a nosotros mismos.

El rato de no hacer nada, de cuidar de nuestro cuerpo y de nuestra alma. Hoy en día es bastante habitual ir al gimnasio, practicar running, crosfit o hacer algún deporte de exterior.

¿Pero cómo cuidamos de nuestro bienestar mental?

Pocas personas cultivan una hora para sí mismos, en silencio, o intentando meditar.

Estar en silencio y en un espacio en calma nos ayuda a ordenarnos, y no es ninguna pérdida de tiempo como solemos creer cuando estamos inmersos en un ritmo acelerado.

Por ello es fundamental dedicarnos un rato cada día.

Cuanto más rato tengamos con nosotros mismos más nos conoceremos y podremos hacer elecciones que nos hagan más felices o que sean más consecuentes con aquello que queremos alcanzar.

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Motivación

María Robles Motivación

¿Qué es la motivación?

La motivación es fuerza, impulso, energía, deseo y buena disposición que activa o mueve al sujeto hacia el logro de un objetivo o fin. 

Es lo que hace que un individuo actúe y se comporte de una determinada manera. Es una combinación de procesos intelectuales, fisiológicos y psicológicos que decide, en una situación dada, cómo actuar.

Dirigir las emociones para conseguir un objetivo es esencial para mantenerse en un estado de búsqueda permanente y para mantener la mente creativa para encontrar soluciones. Las personas que tienen esta habilidad tienden a ser más productivas y eficaces, cualquiera que sea su emprendimiento.

¿Qué queremos?, ¿cómo lo queremos?, ¿en cuánto tiempo?, y después que lo tenemos ¿qué hacemos con él?

Estas interrogantes permiten definir el camino que escogemos para llegar a una o a otra decisión, pudiendo ser nimia o trascendental.

Es por ello que la motivación es lo que nos garantiza que estemos enfocados hacia lo queremos, y redirige a las personas hacia la obtención de lo que se anhela. De acuerdo a lo anterior, se puede inferir que todos los procesos y toma de decisiones que se hacen en el transcurso de la vida, están sujetos al grado de incentivación o motivación que posea el individuo.

El logro de objetivos y metas es directamente proporcional a las circunstancias favorables que nos conducen a ellos, al esfuerzo que se realiza y al afán de obtenerlo.

¿Cuál es el elemento más importante?

  • La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en el elemento más importante de la motivación.
  • La motivación está constituida por todos los factores capaces de provocar, mantener y dirigir la conducta hacia un objetivo determinado.

Para alcanzar una meta, las personas han de tener suficiente activación y energía, un objetivo claro y la capacidad y disposición de emplear su energía durante un periodo de tiempo lo suficientemente largo para poder alcanzar su meta.

El elemento más importante de la motivación reside en la manera como nos sentimos emocionalmente en una situación determinada. Un elemento primordial es la manera de sentir nuestras emociones.

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Estigma en salud mental

María Robles estigma en salud mental

Ir al psiquiatra o al psicólogo, aún a día de hoy sigue estando rodeado de cierto estigma. Aunque afortunadamente en la última década se ha contribuído al acercamiento de la ansiedad y la depresión a la población general.

El estigma y la discriminación afectan de manera negativa en todos los aspectos de la vida a muchas personas con trastorno de salud mental.

¿Qué es el estigma?

Estigma viene del latín stigma, stigmatis, que significa marca impuesta con hierro candente en señal de infamia, y ésta del griego antiguo stigma, stigmatos, que significaba marca con hierro candente.

Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define el estigma como “desdoro, afrenta. Mala fama”.

Goffman define el estigma como el proceso en el que “la reacción de los demás estropea la identidad normal” o un atributo profundamente desacreditador, y reconoce a la enfermedad mental como una forma de estigma.

Desde el punto de vista de la Psiquiatría, el estigma en la enfermedad mental es “el conjunto de actitudes sociales negativas hacia la enfermedad mental” y que aumenta el sufrimiento, el aislamiento social y el acceso a servicios y ayudas”.

Todo esto repercute negativamente en su entorno más inmediato, familia, amigos, cuidadores, etc., y deteriora su calidad de vida ( relaciones sociales, pareja, empleo, vivienda, salud, etc.).

Entonces no viene de la enfermedad mental…

El estigma viene dado por “los demás”, o sea por los que no están enfermos ni son familiares, amigos o cuidadores del enfermo. Los demás son, por tanto, la sociedad. Los individuos, las instituciones, etc. Y los medios de comunicación, que en este caso actúan como medios de incomunicación, o, al menos, como medios de propagación del estigma.

Esta actitud es percibida por el enfermo, que se ve afectado por ella (autoestigma) y reacciona asumiéndola o tratando de evitar ser etiquetado de enfermo mental.

En el primer caso puede sentirse débil, incapaz de cuidar de sí mismo, desmoralizarse y abandonar todo intento de llevar una vida independiente.

En el segundo caso tratará de evitar el diagnóstico y la ayuda de los profesionales. Pero raramente reacciona reivindicándose en contra del estigma.

¿Afecta solamente al enfermo?

También la familia se ve afectada por el estigma, sobre todo por el autoestigma. Al notar el rechazo de la sociedad hacia su familiar enfermo interioriza su culpabilidad y aparecen sentimientos de responsabilidad, de vergüenza y de negación de la enfermedad, lo que lleva a evitar que los demás (otros familiares, los amigos, etc.) tengan conocimiento de que existe la enfermedad en su familia.

Además está la propia interacción de la enfermedad en el núcleo familiar (cuidados, medicación, consultas, ansiedad por el futuro…). Todo lo cual puede retrasar la búsqueda de tratamiento y apoyo para el enfermo y para ellos mismos, debilitando sus posibilidades de enfrentar el problema y agravando las repercusiones negativas.

¿Cómo se manifiesta?

De un modo general el estigma se pone de manifiesto en tres aspectos del comportamiento: Estereotipos, prejuicios y discriminación.

Los estereotipos son las creencias (o los conocimientos) que la sociedad tiene sobre la enfermedad mental; los prejuicios son la predisposición que se tiene con respecto a quienes están afectados de los estereotipos, y la discriminación son las acciones, habitualmente negativas, que se producen ante quienes están estigmatizados.

El proceso de estigmatización básicamente consta de cuatro pasos: el etiquetado (la identificación de la diferencia, en este caso la enfermedad mental); la estereotipización (la asignación a los etiquetados de las creencias de los estereotipos); la diferenciación (formación de un grupo diferente: ellos frente a nosotros); la repercusión en el que estigmatiza (miedo, irritación, compasión) y en el estigmatizado (miedo, ansiedad, vergüenza), y pérdida de estatus del estigmatizado.

En todos los pasos el grupo estigmatizador ha de ser más poderoso que el estigmatizado, condición sin la cual no funciona el estigma.

¿Se puede luchar contra el estigma?

En lo que respecta a las estrategias de lucha contra el estigma, las más habituales son la protesta, la educación y el contacto social.

La protesta social parece ser útil a corto plazo, pero sus efectos disminuyen y desaparecen con rapidez, habiendo incluso efectos de rebote.

La educación de la sociedad es más útil, especialmente los programas a largo plazo que incluyen la transmisión de información, la discusión y la presencia de ​personas afectadas, pero por sí sola tampoco garantiza la resolución del problema dada la carga emocional de los estereotipos y prejuicios.

El contacto y la interacción social cuenta con alguna evidencia experimental, aunque es necesaria más investigación para dilucidar los mecanismos intervinientes.

Referencias

1. Marija Miric, José Luis Álvaro, Rafael González, Ana Raquel Rosas Torres. Microsociología del estigma: aportes de Erving Goffman a la conceptualización psicosociológica del estigma social. [Revista Psicología e Saber Social, 6(2)] s.l. : Psicología e Saber Social, 6(2) 172-185, 2017, 2017.

2. Corujo, Pedro Quirós. Ser o estar loco. Asturias, España : Revista oficial del Colegio Oficial de Médicos de Asturias, Abril 2.019.

3. López, Marcelino et al. La lucha contra el estigma y la discriminacióin en la salud mental. Una aproximación compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsq. (online), 2008, vol. 28, n. 1 (citado 2019-04-29).

4. Manuel Muñoz, Eloísa Pérez Santos, María Crespo y Ana Isabel Guillén. Estigma y enfermedad mental. webs.ucm.es.

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La comparación con otros

maría robles comparación

¿De dónde viene la comparación?

La comparación es algo a lo que estamos acostumbrados desde pequeños, pero NO desde que nacemos. Vivimos sin compararnos hasta aproximadamente los 12-18 meses, cuando por primera vez nos reconocemos a nosotros mismos.

Una vez que nos reconocemos a nosotros mismos, los demás cobran también otro sentido para nosotros y, sin quererlo, se convierten en otros “espejos” para nosotros. Soy más pequeño que mi hermano, soy más alto que esa niña, soy muy parecido a papá… Y de esta manera pareja a la creación de la identidad, se va construyendo el autoestima.

Además, la comparación no siempre es mala. Necesitamos tener unos cánones con los que compararnos para que la sociedad funcione.

¿Qué hacemos cuando nos comparamos con los de nuestro entorno?

Al compararnos con algo siempre nos estamos poniendo en situación de inferioridad, no nos comparamos con algo que creemos que tiene menos cualidades que nosotros o con cosas que no tienen valor para nosotros. Siempre nos comparamos con aquello que anhelamos poseer ya sean cualidades, relaciones, objetos materiales, oportunidades vitales…

La comparación tiene un componente de idealización o deseo por aquello con lo que nos comparamos, y por ello, siempre vamos a salir perdiendo.

Además no nos comparamos como una totalidad cuando nos comparamos con alguien, me explico: nos comparamos con X porque tiene las oportunidades laborales que a nosotros nos gustarían, con Y porque tiene unas facciones que la hacen muy atractiva, con Z porque tiene la casa que desearíamos, con H porque tiene la relación conyugal perfecta…. Y así sucesivamente.

Entonces no “nos cambiaríamos” por una persona, sino que nos cambiaríamos por diferentes personas en distintos ámbitos. Por ello la comparación también tiene una parte de irrealidad ya que no nos cambiaríamos enteros por otra persona, sino solamente algunos aspectos.

¿Qué pasa si nos comparamos diariamente?

A menudo nos pasamos el día pensando y nos sumergimos en una espiral de pensamientos comparativos, pues hemos de empezar a ir identificándolos, y cuando lo hagamos recordarnos que la comparación es una fuente de frustración crónica.

Esta frustración puede acabar dando lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del estado de ánimo y, en resumen, a una infelicidad constante. Nunca vamos a reunir los suficientes requisitos ni a tener las suficientes pertenencias.

¿Qué debemos hacer?

Debemos ser en todo momento conscientes de lo que estamos sintiendo, lo que no es fácil, pero se puede entrenar día a día. La única comparación aceptable es con uno mismo, pues uno mismo es la única persona que ha pasado por las mismas circunstancias vitales, y por eso solamente debemos compararnos con nuestro yo del pasado.

Mirar a los demás nos hace sentirnos pequeños y volver atrás, porque solamente nos fijamos en aquellos que van por delante y nunca en los que van por detrás. Además cada persona tenemos unas vivencias personales diferentes a las de cualquier otra persona.

Nuestras cualidades, nuestros defectos, nuestra red de soporte afectivo, las oportunidades económicas, la familia… todo es diferente de una persona a otra, por ello al igual que somos capaces de ver estas diferencias, hemos de ser capaces de interiorizar que la comparación carece de sentido porque nadie a vivido y sentido exactamente lo mismo que uno mismo.

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Estrés académico

María Robles estrés académico

¿Es malo el estrés académico?

El estrés académico es algo absolutamente normal y a todos nos ha pasado. Muy pocas personas pasan el período de exámenes sin preocupación.

Los que estudian mucho tienen estrés porque aspiran a notas altas; los que estudian en la media lo sufren por el temor de que les pregunten algo que han pasado por alto o que no dominan del todo; y los que no han estudiado lo sufren porque quieren aprender todo en muy poco tiempo.

Hasta aquí lo normal, y es que el estrés académico es bueno siempre que no superemos un determinado nivel, ya que nos facilita una disposición para activarnos y buscar nuestros objetivos o afrontar los desafíos que nos vienen por delante, en este caso los exámenes.

Pero si superamos el nivel normal de estrés entramos en el campo de lo disfuncional: entonces el estrés se convierte en miedo y puede bloquearnos. Así, el que estudia mucho puede tener estrés por no sacar sobresaliente en todos los exámenes, el que estudia normal puede no tolerar un solo suspenso, y el que estudia poco puede tener un estrés demasiado alto si en lugar de pensar en el próximo examen ve peligrar todo su futuro.

¿Cómo se puede prevenir?

Para evitar que el estrés nos domine y se convierta en algo patológico, es recomendable seguir una serie de pautas que nos ayuden a controlarlo, y evitar así que el estrés sea el que nos controle a nosotros:

  • La más importante es identificar el estrés académico; esto es, comprender que no estamos en una etapa fácil, pero que pronto pasará; los exámenes son una etapa que implica una gran dedicación física y psicológica y en la que vamos a dejar de lado muchas facetas de nuestra vida.
  • Otra recomendación fundamental es la adecuada planificación del tiempo de estudio a lo largo del período en el que se esté dando la materia. De esta manera podremos llegar al examen con todo leído y preparado al menos una vez. Es deseable que los apuntes ya estén preparados al gusto o a la manera de estudiar de cada uno.
  • Además, debemos dormir el tiempo necesario para asegurarnos un buen descanso. El sueño es imprescindible para memorizar la información aprendida durante el día.
  • Por otro lado, estudiar en un lugar en el que nos sintamos a gusto es fundamental porque sino incrementará nuestro nivel de alerta y nos concentraremos peor, lo que hará que pasemos más tiempo sentados en la silla sin sacar rendimiento al mismo.
  • Reducir al máximo las distracciones, especialmente el móvil.
  • También cuidar la alimentación nos ayudará a controlar el estrés.
  • Sobretodo se han de hacer descansos cada una hora u hora y media. Tras ese tiempo de estudio la atención, concentración y capacidad de memorización empiezan a disminuir y el estrés aumenta proporcionalmente, por lo que es necesario parar algunos minutos. También descansar después de estudiar y dedicarnos a otras actividades placenteras.
  • No abusar de los estimulantes como el café, coca cola, bebidas energéticas… aunque pueden mantenernos despiertos cuando empezamos a cansarnos, posteriormente pueden generar más estrés. Como hemos dicho antes, un sueño adecuado es imprescindible.
  • También realizar ejercicio físico nos ayuda a liberar la tensión acumulada, a detener los pensamientos rumiativos, y libera endorfinas, lo que disminuye el estrés y nos hace sentirnos mejor.
  • Por último, a las personas más nerviosas o con tendencia a pasarlo muy mal durante los períodos de mayor estrés académico puede serles muy beneficioso practicar técnicas de relajación o meditación.
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El ego, ese gran enemigo

María Robles El ego

¿Qué es el ego?

Ego es una palabra que viene del latín, y significa ‘yo’. En Psicología se utiliza para referirse a la conciencia del individuo, entendida ésta como su capacidad para percibir la realidad.

Por otro lado, también puede usarse para hacer referencia al exceso de autoestima en una persona, es decir, la valoración exagerada que alguien tiene de sí mismo.

En el post anterior hablábamos del amor propio, y aunque muchas personas creen que son sinónimos, ambos conceptos son muy diferentes. Fortalecer el amor propio nos hace grandes y nos hace crecer con nosotros mismos, mientras que el ego nos hace pequeños y, en ocasiones, nos aleja de los demás.

¿Qué relación tiene con la autoestima?

Puede ser entendido también como una falta de autoestima.

Una clara diferencia entre ambos es que la persona con ego no sabe ponerse en el lugar del otro, ni se preocupará por el otro. 

Cuando una persona tiene un buen autoestima se preocupará por los demás, mientras que una persona con gran ego nunca lo hará.

Por ello, una vez más, es recomendable y muy necesario el fortalecimiento de la autoestima para hacerla fuerte y sana.

Una persona con ego, en realidad, no se quiere a sí misma. Sus conductas se deben a la necesidad de ocultar y tapar algunos aspectos, por eso no pueden ver más allá de sí mismos.

El ego es el que hace que queramos que los demás nos presten atención, o nos sintamos importantes. Se basa en el deseo de sobresalir por encima de los demás, mientras que la autoestima se basa en la superación y aceptación personal.

Es necesario rechazar la idea de tener un ego grande, cuanto más grande sea, más grande querrá ser, y más nos alejará de nosotros mismos y de los de nuestro alrededor.

 

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Lo bueno del amor propio

¿Qué es eso del amor propio?

El amor propio se puede definir como la percepción positiva que tenemos sobre nosotros mismos:  aceptación, respeto, valor, pensamientos positivos y consideraciones, y es una cualidad que puede ser apreciado por los que nos rodean.

Forma parte de nuestro autoestima, de cómo nos vemos y valoramos a nosotros mismos. Y por ello, es fundamental para relacionarnos con los demás y con el mundo que nos rodea.

Desde pequeños nos enseñan que tenemos que querer a los demás y ser buenos con ellos, pero a menudo se les olvida enseñarnos de que lo primero de todo es quererse a uno mismo y ser bueno consigo mismo.

Si no eres bueno contigo y tú mismo te menosprecias o infravaloras, eres el primero que te estás tratando mal. Y cuando eso pasa, no puedes pedir a los demás que te traten bien.

El amor propio depende de nuestra voluntad para querernos. Y refleja la relación que tenemos con nosotros mismo e informa sobre los sentimientos y pensamientos hacia nuestro físico, personalidad, carácter, actitudes y comportamientos.

Cuando no valoramos lo que hacemos nos sentimos vacíos, y no contribuimos a nuestro crecimiento personal, sean cuales sean las metas que nos pongamos.

El amor propio se compone grandes descubrimientos sobre uno mismo y sobre el mundo que nos rodea.

¿Se puede mejorar el autoestima?

Cultivar el amor propio es fundamental, pues puede hacer que cambiemos todos nuestros objetivos a corto, medio y largo plazo si sentimos que lo que estamos haciendo en nuestra vida, aunque lo hagamos bien, no habla bien acerca de quiénes somos o no acaba de encajar con lo que queremos.

No es fácil aprender a quererse a uno mismo, y es frecuente que empecemos a hacerlo después de que algo nos haga un profundo daño que nos hace cambiar la forma de vivir.

La base de nuestra estabilidad emocional reside en un amor propio sano y fuerte.

Cuando tenemos un amor propio fuerte y estable, dejamos de buscar fuera y encontramos dentro todas esas cosas que creemos que nos hacen falta.

No amarse a uno mismo implica asumir una cantidad enorme de riesgos, ya que hará que no vivamos una vida plena y estemos siempre con una sensación incómoda allí donde vayamos. Sobre todo porque nos hará compararnos constantemente con los demás y siempre saldremos perdiendo.

El ego es algo de lo que hablaremos en el siguiente blog, y a pesar de que mucha gente confunde estos términos, tienen significados muy diferentes. El amor propio nos hace crecer y el ego nos empequeñece.

A menudo, cuando el amor propio es muy pequeño, solemos dejarnos llevar por los demás y, a la larga, a estar en situaciones que no nos gustan y que nos llevan a conflictos con nosotros mismos. Esto puede dar lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del ánimo.

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