Estigma en salud mental

María Robles estigma en salud mental

Ir al psiquiatra o al psicólogo, aún a día de hoy sigue estando rodeado de cierto estigma. Aunque afortunadamente en la última década se ha contribuído al acercamiento de la ansiedad y la depresión a la población general.

El estigma y la discriminación afectan de manera negativa en todos los aspectos de la vida a muchas personas con trastorno de salud mental.

¿Qué es el estigma?

Estigma viene del latín stigma, stigmatis, que significa marca impuesta con hierro candente en señal de infamia, y ésta del griego antiguo stigma, stigmatos, que significaba marca con hierro candente.

Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define el estigma como “desdoro, afrenta. Mala fama”.

Goffman define el estigma como el proceso en el que “la reacción de los demás estropea la identidad normal” o un atributo profundamente desacreditador, y reconoce a la enfermedad mental como una forma de estigma.

Desde el punto de vista de la Psiquiatría, el estigma en la enfermedad mental es “el conjunto de actitudes sociales negativas hacia la enfermedad mental” y que aumenta el sufrimiento, el aislamiento social y el acceso a servicios y ayudas”.

Todo esto repercute negativamente en su entorno más inmediato, familia, amigos, cuidadores, etc., y deteriora su calidad de vida ( relaciones sociales, pareja, empleo, vivienda, salud, etc.).

Entonces no viene de la enfermedad mental…

El estigma viene dado por “los demás”, o sea por los que no están enfermos ni son familiares, amigos o cuidadores del enfermo. Los demás son, por tanto, la sociedad. Los individuos, las instituciones, etc. Y los medios de comunicación, que en este caso actúan como medios de incomunicación, o, al menos, como medios de propagación del estigma.

Esta actitud es percibida por el enfermo, que se ve afectado por ella (autoestigma) y reacciona asumiéndola o tratando de evitar ser etiquetado de enfermo mental.

En el primer caso puede sentirse débil, incapaz de cuidar de sí mismo, desmoralizarse y abandonar todo intento de llevar una vida independiente.

En el segundo caso tratará de evitar el diagnóstico y la ayuda de los profesionales. Pero raramente reacciona reivindicándose en contra del estigma.

¿Afecta solamente al enfermo?

También la familia se ve afectada por el estigma, sobre todo por el autoestigma. Al notar el rechazo de la sociedad hacia su familiar enfermo interioriza su culpabilidad y aparecen sentimientos de responsabilidad, de vergüenza y de negación de la enfermedad, lo que lleva a evitar que los demás (otros familiares, los amigos, etc.) tengan conocimiento de que existe la enfermedad en su familia.

Además está la propia interacción de la enfermedad en el núcleo familiar (cuidados, medicación, consultas, ansiedad por el futuro…). Todo lo cual puede retrasar la búsqueda de tratamiento y apoyo para el enfermo y para ellos mismos, debilitando sus posibilidades de enfrentar el problema y agravando las repercusiones negativas.

¿Cómo se manifiesta?

De un modo general el estigma se pone de manifiesto en tres aspectos del comportamiento: Estereotipos, prejuicios y discriminación.

Los estereotipos son las creencias (o los conocimientos) que la sociedad tiene sobre la enfermedad mental; los prejuicios son la predisposición que se tiene con respecto a quienes están afectados de los estereotipos, y la discriminación son las acciones, habitualmente negativas, que se producen ante quienes están estigmatizados.

El proceso de estigmatización básicamente consta de cuatro pasos: el etiquetado (la identificación de la diferencia, en este caso la enfermedad mental); la estereotipización (la asignación a los etiquetados de las creencias de los estereotipos); la diferenciación (formación de un grupo diferente: ellos frente a nosotros); la repercusión en el que estigmatiza (miedo, irritación, compasión) y en el estigmatizado (miedo, ansiedad, vergüenza), y pérdida de estatus del estigmatizado.

En todos los pasos el grupo estigmatizador ha de ser más poderoso que el estigmatizado, condición sin la cual no funciona el estigma.

¿Se puede luchar contra el estigma?

En lo que respecta a las estrategias de lucha contra el estigma, las más habituales son la protesta, la educación y el contacto social.

La protesta social parece ser útil a corto plazo, pero sus efectos disminuyen y desaparecen con rapidez, habiendo incluso efectos de rebote.

La educación de la sociedad es más útil, especialmente los programas a largo plazo que incluyen la transmisión de información, la discusión y la presencia de ​personas afectadas, pero por sí sola tampoco garantiza la resolución del problema dada la carga emocional de los estereotipos y prejuicios.

El contacto y la interacción social cuenta con alguna evidencia experimental, aunque es necesaria más investigación para dilucidar los mecanismos intervinientes.

Referencias

1. Marija Miric, José Luis Álvaro, Rafael González, Ana Raquel Rosas Torres. Microsociología del estigma: aportes de Erving Goffman a la conceptualización psicosociológica del estigma social. [Revista Psicología e Saber Social, 6(2)] s.l. : Psicología e Saber Social, 6(2) 172-185, 2017, 2017.

2. Corujo, Pedro Quirós. Ser o estar loco. Asturias, España : Revista oficial del Colegio Oficial de Médicos de Asturias, Abril 2.019.

3. López, Marcelino et al. La lucha contra el estigma y la discriminacióin en la salud mental. Una aproximación compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsq. (online), 2008, vol. 28, n. 1 (citado 2019-04-29).

4. Manuel Muñoz, Eloísa Pérez Santos, María Crespo y Ana Isabel Guillén. Estigma y enfermedad mental. webs.ucm.es.

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La comparación con otros

maría robles comparación

¿De dónde viene la comparación?

La comparación es algo a lo que estamos acostumbrados desde pequeños, pero NO desde que nacemos. Vivimos sin compararnos hasta aproximadamente los 12-18 meses, cuando por primera vez nos reconocemos a nosotros mismos.

Una vez que nos reconocemos a nosotros mismos, los demás cobran también otro sentido para nosotros y, sin quererlo, se convierten en otros “espejos” para nosotros. Soy más pequeño que mi hermano, soy más alto que esa niña, soy muy parecido a papá… Y de esta manera pareja a la creación de la identidad, se va construyendo el autoestima.

Además, la comparación no siempre es mala. Necesitamos tener unos cánones con los que compararnos para que la sociedad funcione.

¿Qué hacemos cuando nos comparamos con los de nuestro entorno?

Al compararnos con algo siempre nos estamos poniendo en situación de inferioridad, no nos comparamos con algo que creemos que tiene menos cualidades que nosotros o con cosas que no tienen valor para nosotros. Siempre nos comparamos con aquello que anhelamos poseer ya sean cualidades, relaciones, objetos materiales, oportunidades vitales…

La comparación tiene un componente de idealización o deseo por aquello con lo que nos comparamos, y por ello, siempre vamos a salir perdiendo.

Además no nos comparamos como una totalidad cuando nos comparamos con alguien, me explico: nos comparamos con X porque tiene las oportunidades laborales que a nosotros nos gustarían, con Y porque tiene unas facciones que la hacen muy atractiva, con Z porque tiene la casa que desearíamos, con H porque tiene la relación conyugal perfecta…. Y así sucesivamente.

Entonces no “nos cambiaríamos” por una persona, sino que nos cambiaríamos por diferentes personas en distintos ámbitos. Por ello la comparación también tiene una parte de irrealidad ya que no nos cambiaríamos enteros por otra persona, sino solamente algunos aspectos.

¿Qué pasa si nos comparamos diariamente?

A menudo nos pasamos el día pensando y nos sumergimos en una espiral de pensamientos comparativos, pues hemos de empezar a ir identificándolos, y cuando lo hagamos recordarnos que la comparación es una fuente de frustración crónica.

Esta frustración puede acabar dando lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del estado de ánimo y, en resumen, a una infelicidad constante. Nunca vamos a reunir los suficientes requisitos ni a tener las suficientes pertenencias.

¿Qué debemos hacer?

Debemos ser en todo momento conscientes de lo que estamos sintiendo, lo que no es fácil, pero se puede entrenar día a día. La única comparación aceptable es con uno mismo, pues uno mismo es la única persona que ha pasado por las mismas circunstancias vitales, y por eso solamente debemos compararnos con nuestro yo del pasado.

Mirar a los demás nos hace sentirnos pequeños y volver atrás, porque solamente nos fijamos en aquellos que van por delante y nunca en los que van por detrás. Además cada persona tenemos unas vivencias personales diferentes a las de cualquier otra persona.

Nuestras cualidades, nuestros defectos, nuestra red de soporte afectivo, las oportunidades económicas, la familia… todo es diferente de una persona a otra, por ello al igual que somos capaces de ver estas diferencias, hemos de ser capaces de interiorizar que la comparación carece de sentido porque nadie a vivido y sentido exactamente lo mismo que uno mismo.

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Estrés académico

María Robles estrés académico

¿Es malo el estrés académico?

El estrés académico es algo absolutamente normal y a todos nos ha pasado. Muy pocas personas pasan el período de exámenes sin preocupación.

Los que estudian mucho tienen estrés porque aspiran a notas altas; los que estudian en la media lo sufren por el temor de que les pregunten algo que han pasado por alto o que no dominan del todo; y los que no han estudiado lo sufren porque quieren aprender todo en muy poco tiempo.

Hasta aquí lo normal, y es que el estrés académico es bueno siempre que no superemos un determinado nivel, ya que nos facilita una disposición para activarnos y buscar nuestros objetivos o afrontar los desafíos que nos vienen por delante, en este caso los exámenes.

Pero si superamos el nivel normal de estrés entramos en el campo de lo disfuncional: entonces el estrés se convierte en miedo y puede bloquearnos. Así, el que estudia mucho puede tener estrés por no sacar sobresaliente en todos los exámenes, el que estudia normal puede no tolerar un solo suspenso, y el que estudia poco puede tener un estrés demasiado alto si en lugar de pensar en el próximo examen ve peligrar todo su futuro.

¿Cómo se puede prevenir?

Para evitar que el estrés nos domine y se convierta en algo patológico, es recomendable seguir una serie de pautas que nos ayuden a controlarlo, y evitar así que el estrés sea el que nos controle a nosotros:

  • La más importante es identificar el estrés académico; esto es, comprender que no estamos en una etapa fácil, pero que pronto pasará; los exámenes son una etapa que implica una gran dedicación física y psicológica y en la que vamos a dejar de lado muchas facetas de nuestra vida.
  • Otra recomendación fundamental es la adecuada planificación del tiempo de estudio a lo largo del período en el que se esté dando la materia. De esta manera podremos llegar al examen con todo leído y preparado al menos una vez. Es deseable que los apuntes ya estén preparados al gusto o a la manera de estudiar de cada uno.
  • Además, debemos dormir el tiempo necesario para asegurarnos un buen descanso. El sueño es imprescindible para memorizar la información aprendida durante el día.
  • Por otro lado, estudiar en un lugar en el que nos sintamos a gusto es fundamental porque sino incrementará nuestro nivel de alerta y nos concentraremos peor, lo que hará que pasemos más tiempo sentados en la silla sin sacar rendimiento al mismo.
  • Reducir al máximo las distracciones, especialmente el móvil.
  • También cuidar la alimentación nos ayudará a controlar el estrés.
  • Sobretodo se han de hacer descansos cada una hora u hora y media. Tras ese tiempo de estudio la atención, concentración y capacidad de memorización empiezan a disminuir y el estrés aumenta proporcionalmente, por lo que es necesario parar algunos minutos. También descansar después de estudiar y dedicarnos a otras actividades placenteras.
  • No abusar de los estimulantes como el café, coca cola, bebidas energéticas… aunque pueden mantenernos despiertos cuando empezamos a cansarnos, posteriormente pueden generar más estrés. Como hemos dicho antes, un sueño adecuado es imprescindible.
  • También realizar ejercicio físico nos ayuda a liberar la tensión acumulada, a detener los pensamientos rumiativos, y libera endorfinas, lo que disminuye el estrés y nos hace sentirnos mejor.
  • Por último, a las personas más nerviosas o con tendencia a pasarlo muy mal durante los períodos de mayor estrés académico puede serles muy beneficioso practicar técnicas de relajación o meditación.
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El ego, ese gran enemigo

María Robles El ego

¿Qué es el ego?

Ego es una palabra que viene del latín, y significa ‘yo’. En Psicología se utiliza para referirse a la conciencia del individuo, entendida ésta como su capacidad para percibir la realidad.

Por otro lado, también puede usarse para hacer referencia al exceso de autoestima en una persona, es decir, la valoración exagerada que alguien tiene de sí mismo.

En el post anterior hablábamos del amor propio, y aunque muchas personas creen que son sinónimos, ambos conceptos son muy diferentes. Fortalecer el amor propio nos hace grandes y nos hace crecer con nosotros mismos, mientras que el ego nos hace pequeños y, en ocasiones, nos aleja de los demás.

¿Qué relación tiene con la autoestima?

Puede ser entendido también como una falta de autoestima.

Una clara diferencia entre ambos es que la persona con ego no sabe ponerse en el lugar del otro, ni se preocupará por el otro. 

Cuando una persona tiene un buen autoestima se preocupará por los demás, mientras que una persona con gran ego nunca lo hará.

Por ello, una vez más, es recomendable y muy necesario el fortalecimiento de la autoestima para hacerla fuerte y sana.

Una persona con ego, en realidad, no se quiere a sí misma. Sus conductas se deben a la necesidad de ocultar y tapar algunos aspectos, por eso no pueden ver más allá de sí mismos.

El ego es el que hace que queramos que los demás nos presten atención, o nos sintamos importantes. Se basa en el deseo de sobresalir por encima de los demás, mientras que la autoestima se basa en la superación y aceptación personal.

Es necesario rechazar la idea de tener un ego grande, cuanto más grande sea, más grande querrá ser, y más nos alejará de nosotros mismos y de los de nuestro alrededor.

 

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Lo bueno del amor propio

¿Qué es eso del amor propio?

El amor propio se puede definir como la percepción positiva que tenemos sobre nosotros mismos:  aceptación, respeto, valor, pensamientos positivos y consideraciones, y es una cualidad que puede ser apreciado por los que nos rodean.

Forma parte de nuestro autoestima, de cómo nos vemos y valoramos a nosotros mismos. Y por ello, es fundamental para relacionarnos con los demás y con el mundo que nos rodea.

Desde pequeños nos enseñan que tenemos que querer a los demás y ser buenos con ellos, pero a menudo se les olvida enseñarnos de que lo primero de todo es quererse a uno mismo y ser bueno consigo mismo.

Si no eres bueno contigo y tú mismo te menosprecias o infravaloras, eres el primero que te estás tratando mal. Y cuando eso pasa, no puedes pedir a los demás que te traten bien.

El amor propio depende de nuestra voluntad para querernos. Y refleja la relación que tenemos con nosotros mismo e informa sobre los sentimientos y pensamientos hacia nuestro físico, personalidad, carácter, actitudes y comportamientos.

Cuando no valoramos lo que hacemos nos sentimos vacíos, y no contribuimos a nuestro crecimiento personal, sean cuales sean las metas que nos pongamos.

El amor propio se compone grandes descubrimientos sobre uno mismo y sobre el mundo que nos rodea.

¿Se puede mejorar el autoestima?

Cultivar el amor propio es fundamental, pues puede hacer que cambiemos todos nuestros objetivos a corto, medio y largo plazo si sentimos que lo que estamos haciendo en nuestra vida, aunque lo hagamos bien, no habla bien acerca de quiénes somos o no acaba de encajar con lo que queremos.

No es fácil aprender a quererse a uno mismo, y es frecuente que empecemos a hacerlo después de que algo nos haga un profundo daño que nos hace cambiar la forma de vivir.

La base de nuestra estabilidad emocional reside en un amor propio sano y fuerte.

Cuando tenemos un amor propio fuerte y estable, dejamos de buscar fuera y encontramos dentro todas esas cosas que creemos que nos hacen falta.

No amarse a uno mismo implica asumir una cantidad enorme de riesgos, ya que hará que no vivamos una vida plena y estemos siempre con una sensación incómoda allí donde vayamos. Sobre todo porque nos hará compararnos constantemente con los demás y siempre saldremos perdiendo.

El ego es algo de lo que hablaremos en el siguiente blog, y a pesar de que mucha gente confunde estos términos, tienen significados muy diferentes. El amor propio nos hace crecer y el ego nos empequeñece.

A menudo, cuando el amor propio es muy pequeño, solemos dejarnos llevar por los demás y, a la larga, a estar en situaciones que no nos gustan y que nos llevan a conflictos con nosotros mismos. Esto puede dar lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del ánimo.

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Tatuajes como forma de expresión

¿Qué son los tatuajes?

El origen de los tatuajes no se sabe a ciencia cierta, se cree que es un arte milenario que era conocido y practicado por muchas culturas alrededor del mundo, pero cada una de ellas lo hacía de manera diferente.

El 19 de septiembre de 1991 se descubrió en un glaciar situado en la frontera entre Austria e Italia el cuerpo de un cazador de la era Neolítica (5,300 años); Ötzi “el hombre del hielo”, que tenía la espalda y las rodillas tatuadas, y se cree que es la primer persona tatuada de la historia.

Aunque la palabra tatuaje posiblemente proviene del samoano «tátau», que significa marcar o golpear dos veces (en referencia al método tradicional de aplicar los diseños o plantillas), se incorpora al español a través del francés, tatouage.

Los tatuajes constituyen una forma de expresión de amor, odio, estatus social, identidad o cualquier otra condición; con el cual la persona busca perpetuar ese sentimiento, lo que da sentido a esta práctica milenaria.

Para algunas personas los tatuajes son cicatrices. Existen cicatrices visibles e invisibles, y los tatuajes son una manera de cerrar etapas, de recordarse cosas, de avanzar y tener presentes las batallas perdidas … o ganadas. Para otras son una forma de autoafirmación. Para otras son una forma de expresar sus gustos. Para cada persona significan una cosa diferente.

A día de hoy los tatuajes pueden ser entendidos como una moda o como una forma de expresión personal, pero aún están muy ligados al estigma de antaño.

Inicialmente los tatuajes estaban relacionados con algunas minorías como pueden ser los marineros, presos… de manera que los dibujos en la piel estaban ligados a unas connotaciones de pobreza, delincuencia o nivel social inferior.

Con los años esto ha ido cambiando socialmente y a día de hoy es muy frecuente ver a múltiples personas tatuadas en un día normal paseando por la calle. La calle ha acogido bien el boom de los tatuajes, al igual que las redes sociales. Pero ¿qué pasa en el ámbito laboral? Ahí no todo ha evolucionado al mismo ritmo que en la calle.

En las últimas décadas ha habido una revolución cultural frente a los tatuajes, donde han dejado de tener significados negativos y ser tabú para volverse parte de la moda; de hecho algunos tatuadores cuentan con gran prestigio social, y personalidades importantes lucen sus tatuajes con orgullo.

Pero los tatuajes aún están mal vistos en algunos sectores laborales, se asocian con la imagen errónea de personas que pueden tener un menor rendimiento, o que tienen dificultades en el control de los impulsos.

¿Tiene sentido a día de hoy seguir relacionando estos conceptos con los tatuajes?

En mi opinión no, las apariencias engañan, y los tatuajes con cicatrices o expresiones. Al igual que la forma de vestir o de llevar el pelo.

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Entrevista Jóvenes Emprendedores

En el blog de hoy os comparto una entrevista que me han realizado hace poco y que para mí ha sido todo un placer y un honor. Estoy muy contenta de haber tenido la oportunidad de participar en un proyecto así y poder aportar mi grano de arena para que los más jóvenes vean que es posible iniciar caminos por uno mismo.

La entrevista ha sido realizada por Queeng Lei Beloso, estudiante del Grado de Enfermería. Dicha entrevista se encuadra dentro de la asignatura Innovación y emprendeduría, dentro de la mención de Estrategias de Liderazgo y Responsabilidad Política.

  • Es evidente que empezar tu propio negocio no es nada fácil, pues conlleva mucho trabajo y mucha incertidumbre de si va a funcionar o no, si todo lo invertido tanto económicamente como de esfuerzo dará sus frutos. Pero, a pesar de conocer esta situación, ¿por qué has decidido abrir tu propia consulta? ¿Cuáles fueron tus motivaciones?

La idea de abrir mi propia consulta surgió a raíz de algunas colaboraciones que me fueron ofreciendo a nivel profesional, pero en el fondo era una idea que siempre me había rondado por la cabeza. Me decidí porque si lo analizas demasiado, nunca es un buen momento para empezar, así que este era el mejor momento que iba a tener; si salía bien, pues estupendo, pero si salía mal al menos lo había intentado y podía quedarme con la conciencia tranquila conmigo misma. La principal motivación para abrir la consulta fue llegar a sectores de población muy diferentes a los que normalmente atiendo en el sector público. Creo que esta diversidad me enriquece personal y profesionalmente al poder ayudar a más personas.

  • Para la creación de tu propia consulta, ¿qué proceso has seguido?

El primer paso fue informarme de los requisitos legales necesarios para poder llevar a cabo el proyecto. Los primeros pasos son, quizás, los más pesados por la burocracia, por eso es fundamental contar con una persona especializada que pueda irte asesorando en estos aspectos. Una vez que la burocracia estuvo lista, en mi caso, los siguientes pasos fueron la creación de una página web ( www.mariarobles.es ) y de redes sociales para poder ir dando a conocer el proyecto.

  • ¿Has tenido que buscar inversores? ¿Cómo has manejado tu plan financiero?

En mi caso no he tenido que buscar inversores; como era algo que ya planeaba hacer en algún momento, ya tenía un plan de ahorro para poder afrontar los costes iniciales y poder empezar el proyecto sin contraer deudas.

  • En cuánto a aspectos jurídicos, es bien conocido el hecho de que no nos encontramos dentro de un contexto que facilite que una persona sea emprendedora. ¿Qué trámites burocráticos fueron los más relevantes en tu caso? ¿Crees que se tendría que cambiar algún aspecto?

Como decía antes, creo que los trámites burocráticos son el aspecto más complicado a la hora de iniciar un proyecto emprendedor. Hasta que empecé a interesarme por abrir mi propia consulta desconocía por completo la legislación que tenía que cumplir. Una vez que empiezas a informarte te das cuenta de lo difícil que es hacer las cosas bien; incluso existen vacíos legales en los que nadie sabe asesorarte al 100%. En mi opinión, debería de revisarse esta legislación y facilitar que los emprendedores tengan un asesoramiento o unas pautas claras de cómo hay que llevar a cabo este proceso.

  • Existen grandes evidencias sobre la falta de psiquiatras para poder aplicar el plan de salud mental de la Generalitat, lo que aumenta las posibilidades de que los médicos especializados en dicho ámbito encuentren trabajo. ¿Por qué no conformarse con trabajar dentro del equipo hospitalario? ¿Qué te da uno que el otro no ofrece? ¿Existe alguna diferencia?

En mi caso sí que existe diferencia. En el sector público, además de haber una mayor presión asistencial, el tipo de paciente suele ser diferente y las demandas también. En la consulta, sin embargo, suelo atender a personas que aunque tienen las mismas patologías, presentan unas características relacionases y vivenciales distintas. Eso es muy enriquecedor como profesional porque atiendo a poblaciones muy diferentes, y también se traduce en beneficios para mis pacientes ya que me obligo a estar en constante actualización.

  • ¿Alguna vez tuviste en mente la posibilidad de fracasar? ¿Alguna vez tuviste miedo? Si es así, ¿qué te hizo seguir en vez de frenar?

Es cierto que la posibilidad de fracasar existe, y por ello siempre que iniciamos un nuevo camino o se produce un cambio en nuestras vidas es normal tener miedo. Pero es importante ser consciente de los miedos y ver si estos están fundados. En mi caso se dieron una serie de circunstancias que me permitieron empezar poco a poco y sin presión, por lo que nunca me planteé frenar.

  • ¿Cuáles fueron tus principales retos? ¿Eran los esperados? ¿Cuáles fueron tus actitudes para enfrentarlos?

Mi principal reto era poder ayudar a mas personas. Había decidido centrar mi carrera en las adicciones y la patología dual y ese aspecto me ha llevado a la labor que desempeño en la sanidad pública. Pero también tengo claro que mi profesión es vocacional, así que supone un reto mayor ayudar a otras personas que me encontraba fuera de esta subespecialidad en adicciones y patologia dual. Patología dual hace referencia a la coexistencia de una adicción y otra enfermedad mental, por lo que aunque estoy especializada en adicciones, no es nuevo para mí abarcar otras enfermedades mentales y eso me llevó a abarcar otros aspectos diferentes gracias a la consulta privada.

  • ¿Cuáles son las dificultades que te vas encontrando por ser emprendedora? ¿Cómo te organizas?

Creo que la planificación es fundamental para que las cosas salgan bien, pero siempre hay que dejar un margen de flexibilidad para las cosas imprevistas que surgen, porque siempre ocurre algo inesperado. Quizás la principal dificultad es la correcta gestión del tiempo. Los emprendedores tienen dificultades para compaginar las tareas laborales con la vida personal y yo estoy en estos momentos aprendiendo a manejar este reto.

  • ¿En qué te diferencias de los demás? ¿Qué ofreces tú que otros no tienen? ¿Cuáles son tus medios para darte a conocer?

Creo que mi principal virtud es que los pacientes me sienten muy cercana, con gran capacidad de empatía. Creo que la Psiquiatría es una especialidad que está muy estigmatizada, y a menudo las personas viven como un fracaso acudir al psiquiatra, mientras que ven con normalidad acudir a otros médicos, como por ejemplo al traumatólogo o al neurólogo… y esto genera mucho​sufrimiento a las personas. Considero que la enfermedad mental debe tratarse con naturalidad y enseñar a los pacientes a modificar su percepción de lo que les ocurre en la vida, y si no se puede, a vivir con ello. No me gusta trabajar con etiquetas porque lo que importa es el sufrimiento que tiene la persona, no cómo se llama la enfermedad que ocasiona ese sufrimiento. Creo que hay que ayudar a la persona e individualizar cada situación; es preciso estudiar y estar al corriente de los avances, pero también salirse de los libros en ocasiones. Creo que todo eso es lo que me hace diferente y lo que mis pacientes valoran de mi, además de mi interés en estar siempre actualizándome. Así que aunque creí que los medios más importantes para darme a conocer iban a ser las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter) y la actualización de la página web, me he dado cuenta de que lo que más puertas me abre son mis propios pacientes.

  • ¿Qué consejos le darías a una persona que quiere abrir su propia consulta?

Si alguien quiere iniciar esta aventura yo le animo sin ninguna duda porque es gratificante ver cómo uno es capaz de ir construyendo algo en lo que cree. Mi recomendación es que busque asesoramiento para ir realizando cada paso sobre seguro, y sobre todo, que no tenga prisa. Eso te permitirá ser consciente de cada paso que das, y de las trampas que uno mismo puede ponerse, y que a veces resultan más importantes que las dificultades exteriores.

  • ¿Qué actitudes crees necesario tener para el éxito?

Bueno, no sé si puedo decir que yo he conseguido el éxito, porque no se exactamente a qué llamamos éxito, pero sí que me siento afortunada del camino emprendido y del proceso realizado. Creo que la constancia y el esfuerzo diario no son sustituibles por nada, cada paso cuenta. Cada fracaso nos hace aprender, cada piedra nos ayuda a buscar nuevos caminos. Aprender de los errores, seguir intentándolo, estudiar cada día y creer en lo que haces creo que son las actitudes necesarias para sentirte a gusto con lo que estás haciendo.

  • Si tuvieras la oportunidad de volver atrás, ¿volverías a hacerlo? ¿Qué cambiarías?

Volvería a hacerlo, sin duda. Creo que no cambiaría nada porque cada tropiezo me enseñó muchas cosas, y me siento agradecida porque he tenido el apoyo de grandes profesionales que me han ido ayudando y asesorando en cada paso, y en todos los ámbitos de este proyecto, que son muchos.

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Propósitos de enero

Empieza un nuevo año, y a pesar de que no ha cambiado nada, es como si ahora tuviéramos la necesidad de hacer propósitos, de portarnos mejor con nosotros mismos o con los demás, de ponernos metas en los 365 días siguientes…

Estos propósitos están bien porque nos motivan a hacer pequeños cambios en nuestras rutinas, y estos pequeños cambios llevan a otros cambios más grandes.

Y de esta manera, poco a poco vamos creando nuevos hábitos que nos ayudan a sentirnos mejor con nosotros mismos, y a estar más cerca de donde nos gustaría estar.

Lo importante es ponernos metas pequeñas que sean relativamente fáciles de conseguir en el momento vital en el que nos encontramos, y una vez que las logremos: seguir avanzando. Que cada vez la meta sea un poco mayor, que nos haga esforzarnos poco a poco.

Cuando conseguimos uno de nuestros propósitos nos sentimos bien con nosotros mismos y sentimos un refuerzo positivo a seguir esforzándonos y a continuar realizando cambios.

No tiene sentido ponernos objetivos inalcanzables, que en vez de motivarnos hagan que perdamos la motivación por el camino porque no nos veamos capaces de hacerlo.

Hemos de superarnos a nosotros mismos, sin tener en cuenta los progresos o los logros que consigan los de al lado. Cada uno tenemos un camino propio con nuestras circunstancias y nuestros recursos personales.

Pero, ¿qué pasa si no cumplimos estos propósitos? ¿Qué ocurre si nos cansamos de ellos? ¿o si se nos olvidan y alguien nos los recuerda? ¿Si no nos vemos capaces?

Pues si estas cosas ocurren, en muchos casos vienen los sentimientos de fracaso, de inutilidad, de rabia con uno mismo

Los sentimientos de frustración pueden hacer que nos sintamos mal con nosotros mismos y pongamos excusas para no volver a intentar nuestros propósitos, o nos digamos que son los demás, o factores externos los que tienen la culpa de que no hayamos conseguido nuestro objetivo.

Y hemos de tener cuidado con ello, porque esto se puede traducir en un incremento de la ansiedad.

Por todo ello, vamos hacia un 2019 lleno de pequeños pasos.

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