Apego y vínculos

 

María Robles apego y vínculos

 

¿Qué es?

El apego es la relación de afecto que se establece entre el bebé recién nacido y su madre, o padre o cuidador principal.

El creador de esta teoría fue John Bowlby, prestigioso psiquiatra psicoanalista inglés a quien la ONU encargó un folleto sobre las dificultades que presentaban los huérfanos y sin hogar al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Bowlby estudió un grupo de 44 jóvenes y evidenció el impacto de la privación precoz de cuidados familiares. Posteriormente publicó la Teoría del Apego, con lo que Bowlby fue aislado por sus compañeros, ya que abarca campos de la psicología, de la teoría evolutiva y de la etología, y cuestiona algunos supuestos teóricos del psicoanálisis (1), escuela a la que él pertenecía y en la que se había formado.

El modelo propuesto se basaba en la existencia de cuatro sistemas de conducta, relacionados entre sí: Conducta de apego, conducta de exploración, miedo a lo extraño y sistema afiliativo.

  • El sistema de apego lo forman todas aquellas señales que buscan la proximidad y el contacto con las figuras de apego (FA) (sonrisa, gestos, lloros…). Se activa cuando se aleja la figura de apego o cuando se percibe una amenaza.
  • El sistema de exploración tiene cierta incompatibilidad con el de apego: cuando disminuyen las conductas de apego se activan las de exploración, y viceversa.
  • Los mismo ocurre con el sistema de miedo a lo extraño: cuando aparece lo extraño aumentan las conductas de apego y disminuyen las de exploración, y al revés.
  • El sistema afiliativo se refiere al interés que muestran los individuos a mantener relaciones de proximidad e interactuar con otros, incluso con quienes no se han establecido vínculos afectivos, lo que tiene cierta contradicción con el miedo a lo extraño.

Posteriormente se siguió estudiando el apego en esta línea

En 1.964 Schaffer y Emerson estudiaron 60 bebés y sus familias, durante los dos primeros años de vida, observando que el vínculo establecido dependía fundamentalmente de la sensibilidad y de la capacidad de respuesta del cuidador a las necesidades de los bebés (2).

Posteriormente Mary Ainsworth, psicóloga USA, se traslada a Uganda y estudia los efectos de la presencia-ausencia de la madre sobre la conducta exploratoria de los niños, diseñando para ello la situación experimental de laboratorio “Situación del Extraño”, uno de los más conocidos e imitados en este tipo de estudios.

La prueba dura unos 20 minutos con ocho episodios: la madre y el niño entran en una sala de juego. Enseguida entra una persona desconocida (extraño) y mientras ella juega con el niño la madre sale de la sala y deja al niño solo con el extraño. La madre regresa y vuelve a salir, pero esta vez con el extraño, y el niño se queda solo. Finalmente, la madre regresa con el extraño.

¿Qué se encontró?

Ainsworth encontró tres patrones de conducta, representativos de los tipos de apego establecidos:

  • Los niños de apego seguro tenían madres muy sensibles y responsivas a las llamadas del bebé. Cuando entraban en la sala enseguida se ponían a explorar, usando a la madre como base segura; cuando salía la madre se mostraban afectados y disminuían la exploración y cuando volvía se alegraban y se acercaban a ella, para enseguida volver a explorar.
  • Los niños de apego inseguro-evitativo tenían madres relativamente sensibles y rechazantes a las llamadas del bebé. Al entrar en la sala se ponían a explorar los juguetes, ignorando a la madre. Cuando salía la madre no se mostraban afectados ni se alegraban cuando regresaba.
  • Los niños de apego inseguro-ambivalente tenían madres que se mostraban sensibles y cálidas en unas ocasiones y frías e insensibles en otras. Estos niños cuando entraban en la sala apenas exploraban, se mostraban preocupados por su madre, lo pasaban mal cuando ésta salía de la habitación y se mostraban ambivalentes a su regreso.

Sin embargo…

Más recientemente se ha propuesto la existencia de un cuarto tipo de apego, denominado inseguro-desorganizado/desorientado, que inicialmente eran considerados inclasificables. Son los niños más inseguros y al reunirse con la madre tras la separación muestran conductas confusas y contradictorias.

Tradicionalmente el apego más fuerte se establece con la madre, por su relación especial con el niño, pero en la actualidad por motivos laborales, económicos, etc. puede formarse con varias personas, pero siempre en grupo reducido (3).

Según Bowlby, estas relaciones con las FA van a servir para construir una representación mental de uno mismo y de las relaciones con los demás (modelo representacional interno).

Un aspecto clave es la noción de quiénes son las FA, dónde se encuentran y qué se puede esperar de ellas, así como si uno mismo es querido y valorado por las FA.

Desde este punto de vista se considera que el aspecto determinante de la relación es la respuesta del cuidador a las llamadas del niño, que puede clasificarse en tres tipos: mostrarse sensible a la llamada y permitir su acceso (llevaría a un modelo de apego seguro), mostrarse sensible e impedir el acceso (llevaría a un modelo de apego inseguro-evitativo), y atender y permitir el acceso de forma imprevisible (que llevaría a un modelo de apego inseguro-ambivalente).

El modelo representacional puede construirse también en ausencia de relación con la figura de apego, ya que en este caso lo importante sería la ausencia de respuesta.

Así, el modelo relacional influirá hondamente en las relaciones sociales futuras

Las personas que tuvieron un apego seguro con sus cuidadores confiarán en las personas con las que se relacionen, mientras que los que tuvieron experiencias negativas con sus FA no esperarán nada positivo o gratificante, sino que esperarán rechazo o falta de respuesta empática. Pero aunque estos primeros vínculos sean problemáticos, las experiencias posteriores pueden ofrecer una reelaboración (5).

Las características del niño también pueden influir en el apego que se establece. Hay evidencia de que el bajo peso al nacer, prematuridad y ciertas enfermedades del recién nacido exigen más cuidados de los padres, y en familias de riesgo pueden llevar a un apego inseguro. Lo que ha llevado a pensar que el temperamento del niño también puede influir en la calidad del apego, lo que ha suscitado un acalorado debate en los últimos años.

Esta teoría ha sido considerada uno de los planteamientos más sólidos en el campo del desarrollo emocional y cuenta con una amplia variedad de estudios e investigaciones que la han convertido en una de las principales áreas de investigación evolutiva.

Bibliografía

1. Gago, Josu.Teoría del Apego. El vínculo. Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar. https://www.avntf-evntf.com/wp-content/uploads/2016/06/Teor%C3%ADa-del-apego.-El-v%C3%ADnculo.-J.-Gago-2014.pdf.

2. Oliva Delgado, Alfredo.Estado actual de la teoría del apego. psiquiatriainfantil.org. http://psiquiatriainfantil.org/numero4/Apego.pdf.

3. PSICODIAGNOSIS, GABINETE.psicodiagnosis.es. https://psicodiagnosis.es/areageneral/ciclo-evolutivo/el-apego/.

4. Soares, Isabel.Internatiohnal Journal of Clinical and Health Psycology. 2007, vol. 7, nº 1. pp. 177-195. https://repositorio-ucp.pre.rcaap.pt/bitstream/10400.14/2807/1/art-int-arb_2007_FEP_1465_Dias_Pedro_01.pdf.

5. Wallin, David J.El Apego en Psicoterapia. s.l. : Desclée de Brouwer.

 

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Estigma en salud mental

María Robles estigma en salud mental

Ir al psiquiatra o al psicólogo, aún a día de hoy sigue estando rodeado de cierto estigma. Aunque afortunadamente en la última década se ha contribuído al acercamiento de la ansiedad y la depresión a la población general.

El estigma y la discriminación afectan de manera negativa en todos los aspectos de la vida a muchas personas con trastorno de salud mental.

¿Qué es el estigma?

Estigma viene del latín stigma, stigmatis, que significa marca impuesta con hierro candente en señal de infamia, y ésta del griego antiguo stigma, stigmatos, que significaba marca con hierro candente.

Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define el estigma como “desdoro, afrenta. Mala fama”.

Goffman define el estigma como el proceso en el que “la reacción de los demás estropea la identidad normal” o un atributo profundamente desacreditador, y reconoce a la enfermedad mental como una forma de estigma.

Desde el punto de vista de la Psiquiatría, el estigma en la enfermedad mental es “el conjunto de actitudes sociales negativas hacia la enfermedad mental” y que aumenta el sufrimiento, el aislamiento social y el acceso a servicios y ayudas”.

Todo esto repercute negativamente en su entorno más inmediato, familia, amigos, cuidadores, etc., y deteriora su calidad de vida ( relaciones sociales, pareja, empleo, vivienda, salud, etc.).

Entonces no viene de la enfermedad mental…

El estigma viene dado por “los demás”, o sea por los que no están enfermos ni son familiares, amigos o cuidadores del enfermo. Los demás son, por tanto, la sociedad. Los individuos, las instituciones, etc. Y los medios de comunicación, que en este caso actúan como medios de incomunicación, o, al menos, como medios de propagación del estigma.

Esta actitud es percibida por el enfermo, que se ve afectado por ella (autoestigma) y reacciona asumiéndola o tratando de evitar ser etiquetado de enfermo mental.

En el primer caso puede sentirse débil, incapaz de cuidar de sí mismo, desmoralizarse y abandonar todo intento de llevar una vida independiente.

En el segundo caso tratará de evitar el diagnóstico y la ayuda de los profesionales. Pero raramente reacciona reivindicándose en contra del estigma.

¿Afecta solamente al enfermo?

También la familia se ve afectada por el estigma, sobre todo por el autoestigma. Al notar el rechazo de la sociedad hacia su familiar enfermo interioriza su culpabilidad y aparecen sentimientos de responsabilidad, de vergüenza y de negación de la enfermedad, lo que lleva a evitar que los demás (otros familiares, los amigos, etc.) tengan conocimiento de que existe la enfermedad en su familia.

Además está la propia interacción de la enfermedad en el núcleo familiar (cuidados, medicación, consultas, ansiedad por el futuro…). Todo lo cual puede retrasar la búsqueda de tratamiento y apoyo para el enfermo y para ellos mismos, debilitando sus posibilidades de enfrentar el problema y agravando las repercusiones negativas.

¿Cómo se manifiesta?

De un modo general el estigma se pone de manifiesto en tres aspectos del comportamiento: Estereotipos, prejuicios y discriminación.

Los estereotipos son las creencias (o los conocimientos) que la sociedad tiene sobre la enfermedad mental; los prejuicios son la predisposición que se tiene con respecto a quienes están afectados de los estereotipos, y la discriminación son las acciones, habitualmente negativas, que se producen ante quienes están estigmatizados.

El proceso de estigmatización básicamente consta de cuatro pasos: el etiquetado (la identificación de la diferencia, en este caso la enfermedad mental); la estereotipización (la asignación a los etiquetados de las creencias de los estereotipos); la diferenciación (formación de un grupo diferente: ellos frente a nosotros); la repercusión en el que estigmatiza (miedo, irritación, compasión) y en el estigmatizado (miedo, ansiedad, vergüenza), y pérdida de estatus del estigmatizado.

En todos los pasos el grupo estigmatizador ha de ser más poderoso que el estigmatizado, condición sin la cual no funciona el estigma.

¿Se puede luchar contra el estigma?

En lo que respecta a las estrategias de lucha contra el estigma, las más habituales son la protesta, la educación y el contacto social.

La protesta social parece ser útil a corto plazo, pero sus efectos disminuyen y desaparecen con rapidez, habiendo incluso efectos de rebote.

La educación de la sociedad es más útil, especialmente los programas a largo plazo que incluyen la transmisión de información, la discusión y la presencia de ​personas afectadas, pero por sí sola tampoco garantiza la resolución del problema dada la carga emocional de los estereotipos y prejuicios.

El contacto y la interacción social cuenta con alguna evidencia experimental, aunque es necesaria más investigación para dilucidar los mecanismos intervinientes.

Referencias

1. Marija Miric, José Luis Álvaro, Rafael González, Ana Raquel Rosas Torres. Microsociología del estigma: aportes de Erving Goffman a la conceptualización psicosociológica del estigma social. [Revista Psicología e Saber Social, 6(2)] s.l. : Psicología e Saber Social, 6(2) 172-185, 2017, 2017.

2. Corujo, Pedro Quirós. Ser o estar loco. Asturias, España : Revista oficial del Colegio Oficial de Médicos de Asturias, Abril 2.019.

3. López, Marcelino et al. La lucha contra el estigma y la discriminacióin en la salud mental. Una aproximación compleja basada en la información disponible. Rev. Asoc. Esp. Neuropsq. (online), 2008, vol. 28, n. 1 (citado 2019-04-29).

4. Manuel Muñoz, Eloísa Pérez Santos, María Crespo y Ana Isabel Guillén. Estigma y enfermedad mental. webs.ucm.es.

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Modificación de un hábito

María Robles Modificación de hábitos

Hábito significa modo de proceder adquirido por repetición de actos iguales u originado por tendencias instintivas.

Los hábitos pueden ser buenos o malos. Los buenos mejoran la calidad de vida, pero los malos tienen consecuencias negativas, muchas veces dañinas e irreversibles.

Hay multitud de hábitos y diversos factores intervienen en su formación, pero pueden clasificarse en tres tipos: sensoriales, motores e intelectuales.

Los sensoriales están vinculados a los sentidos, por ejemplo la percepción del matiz de los colores por un pintor; los motores se relacionan con movimientos como caminar, escribir, etc., y los intelectuales son el resultado de la actividad de pensar.

Los hábitos son adquiridos y, por tanto, modificables. Pero modificar o abandonar un hábito es muy difícil y bastante complicado.

¿Cuáles son las etapas para modificar un hábito?

Se considera que hay seis etapas en la modificación de un hábito:

1. Precontemplación: Cuando aparece ante nosotros el daño. Por ejemplo cuando nos dicen​que no deberíamos beber tanto o cuando nos damos cuenta de que bebemos más de lo que necesitamos. Pero al mismo tiempo buscamos razones para no hacerlo.

2. Contemplación: Ya no se buscan razones para no cambiar, se asume la conducta dañosa y hasta se hacen propósitos para cambiarla o abandonarla, y hasta se pueden hacer intentos, que enseguida se abandonan.

3. Preparación: El haber hecho intentos de cambiar sin haber tenido éxito, lleva a conocer que abandonar el hábito es costoso y difícil, pero ya se tiene conciencia de que es necesario.

4. Concreción: Aparecen los esfuerzos conscientes y continuados por abandonarlo, y se consiguen ciertos logros, aunque no se logra el éxito. Muchas veces por carecer de una estrategia adecuada.

5. Mantenimiento: El hábito se ha abandonado ya, pero queda la tarea de evitarlo y persistir en la nueva conducta.

6. Recaída: Es la vuelta a la conducta de hábito, pero nunca se vuelve al punto cero: las tres primeras fases ya no son necesarias si se quiere volver a intentar el abandono, aunque es recomendable empezar en la tercera y revisar las estrategias.

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Qué es el autoestima

María Robles Autoestima

La historia de la autoestima se inicia con William James, a finales del siglo XIX, con su libro “ Los principios de la Psicología ”.

Autoestima es la consideración que uno tiene de sí mismo. Es la capacidad de identificar y entender cómo somos y cómo reaccionamos, y el aceptarse con las cualidades y limitaciones que se tienen.

Por ejemplo, puntos fuertes y débiles, intereses, necesidades, motivaciones, valores y objetivos. No es innata sino que se adquiere y se va desarrollando a lo largo de toda la vida

El ser humano se percibe a nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos: se evalúa y los evalúa; siente, en consecuencia, emociones relacionadas consigo mismo; todo lo cual evoca en él tendencias conductuales coherentes con sus percepciones, pensamientos, evaluaciones y sentimientos.

Así pues, estos conjuntos de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias conductuales dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia los rasgos de nuestro cuerpo y de nuestro carácter, configuran las actitudes que globalmente, llamamos autoestima.

La autoestima en suma, es la percepción evaluativa de uno mismo.


La importancia de la autoestima estriba en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra valía personal. Por lo tanto, no puede menos de afectar a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás.

Todos, pues, desarrollamos una autoestima suficiente o deficiente, positiva o negativa, alta o baja…, aunque de la manera más realista y positiva posible y que nos permita descubrir nuestros recursos personales, apreciarlos y utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias, para aceptarlas y superarlas en la medida de nuestras posibilidades.

Si no nos valoramos en lo que realmente valemos, si reconocemos y apreciamos las cualidades y talentos que realmente poseemos, si no aceptamos con serenidad nuestras limitaciones, seremos presa fácil de la inseguridad y la desconfianza en nosotros mismos, y en muchos casos podemos acabar sufriendo trastornos de ansiedad, del estado del ánimo o del sueño.

¿Hay grados de autoestima?

En este sentido, una persona puede presentar uno de tres estados de autoestima:

  • 1. Autoestima alta: se siente útil, valiosa y aceptada por los demás.
  • 2. Autoestima baja: se siente poco o nada apta para la vida, inútil y no valorada ni querida por los demás.
  • 3. Autoestima intermedia: varía dependiendo de las situaciones, unas veces se siente útil y otras inútil, unas muy valorado y otras nada…

Una autoestima saludable nos permite enfrentarnos a las situaciones de la vida con confianza y optimismo, y alcanzar más fácilmente los objetivos, pero una baja autoestima nos hace sentir inútiles, dubitativos, faltos de capacidad, no queridos por los demás, etc.

La persona que se autoestima suficientemente se aprecia a sí misma como persona y se considera igual (aunque diferente) a los demás, se respeta a sí misma sin culparse ni permitir que la traten mal y desarrolla y fortalece sus capacidades para tomar decisiones y resolver asuntos.

A medida que vamos creciendo debemos depender menos de lo que nos viene de fuera y afirmarnos más a nosotros mismos.

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Aes de la autoestima

En un blog anterior hemos hablado sobre el autoestima y en otro sobre la importancia de quererse a uno mismo. Pero hoy hablaremos sobre las llamadas “Aes del autoestima”.

Este concepto de las Aes del autoestima fue explicado por Bonet en su libro Se Amigo de Ti Mismo: Manual de la Autoestima (1997).

La persona que tiene un buen autoestima posee, en mayor o menor grado, las siguientes características (las “Aes” de la autoestima“): aprecio, aceptación, afecto, atención, autoconciencia, apertura y en una palabra que incluye todas las aneriores: afirmación.

Veamos cada una de estas Aes por separado:

APRECIO
Consiste en apreciarse realmente a uno mismo como persona, sin importar lo que pueda hacer o tener. Simplemente apreciarse por ser persona, sabiendo que es igual a los demás pero con sus propias cualidades, incluyendo: talentos, habilidades y cualidades del cuerpo, de la mente y del espíritu.

ACEPTACIÓN
La aceptación de uno mismo es ser tolerante con cada una de sus limitaciones, de sus fracasos, debilidades o errores. Es tener en cuenta cada una de las cosas más desagradables de su personalidad o de su forma de ser y responsabilizarse de cada uno de sus actos.

AFECTO
Consiste en mantener una actitud positiva, amistosa, comprensiva y cariñosa hacia unos mismo. De esta manera la persona está tranquila consigo misma y disfruta de la soledad.

ATENCIÓN
Consiste en atenderse a uno mismo y cuidar de todas sus necesidades: psíquicas, físicas, espirituales e intelectuales.

AUTOCONCIENCIA

Es darse cuenta del propio mundo interior y escucharse a sí mismo amistosamente.

APERTURA

La apertura consiste en mantener una actitud abierta hacia los demás, sabiendo que todos necesitamos de todos. Es también reconocer al otro y asfirmarle ya que no podemos vivir de manera independiente al resto de las personas.

AFIRMACIÓN
Las afirmaciones son herramientas muy buenas para reemplazar conceptos negativos que ya no sirven. Con las afirmaciones se puede superar creencias, conceptos y actitudes acerca de uno mismo.

Se llega a la conclusión de que la autoestima es la síntesis de todos los pasos anteriores.

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Idealización de la pareja

María Robles idealización de la pareja

La idealización consiste en ver de manera incrementada las virtudes de una persona, y por ello nos situamos a nosotros mismos en una posición de inferioridad.

Ocurre cuando solamente nos quedamos con los aspectos positivos de las personas, los cuales exaltamos y subimos a la categoría de semi-dioses. Además ignoramos lo malo o imperfecto que puedan tener y lo justificamos.

Cuando nos enamoramos o cuando iniciamos una relación de pareja es normal que haya una cierta idealización de la otra persona. Sin embargo, algunas personas tienen tendencia a la idealización de los demás.

En ocasiones esta idealización no solamente es de la pareja, sino también de los amigos, de la familia, del entorno laboral…

Por ello estas personas tienen un gran sufrimiento interno ya que al idealizar a los demás, siempre se ponen a ellos mismos en una situación de inferioridad.

La idealización va muy ligada al grado de autoestima que tengas.

Las personas que no se valoran a sí mismas siempre verán por encima suyo a los demás, por lo que la idealización será algo muy frecuente en sus conductas.

Si una persona tiene baja autoestima y no se siente valioso, tendrá tendencia a exagerar las cualidades de los demás, en concreto de la pareja.

Debemos de tener esto muy presente puesto que hay mucho riesgo de acabar presentando dependencia emocional , con los riesgos que ello conlleva.

Si crees que no eres suficientemente bueno para tu pareja y además la tienes idealizada, puedes acabar intentando complacerle en todos los aspectos y haciendo a esa persona tu prioridad.

Y cuando esto ocurre puedes acabarte conviertiendo en un verdaderos esclavo emocional.

Otro de los problemas de idealizar a los demás es que en algún momento este aura de perfección que le hemos dado, se irá debilitando y empezaremos a ver a la persona como realmente es.

Y es en este momento cuando muchas personas se sienten humilladas o engañadas.

Pero es algo que tiene que ver con cómo veíamos nosotros a esa persona y no con algún cambio que haya hecho la persona en sí misma.

Por ello, para no acabar cayendo en la trampa de idealizar a los que nos rodean, debemos trabajar nuestro autoestima de manera que sintiéndonos bien con nosotros mismos no nos veremos inferiores a nuestra pareja.

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Fobia social

María Robles fobia social

¿Qué es la fobia social?

La fobia social o trastorno de ansiedad social es un trastorno de ansiedad muy prevalente en nuestra sociedad; es el tercer trastorno con mayores tasas de prevalencia, tras la depresón mayor y la dependencia del consumo de alcohol (APA, 2013).

Tiene su inicio en la infancia o adolescencia, y si no se diagnostica a tiempo se mantiene en la vida adulta. Lo que ocasiona gran sufrimiento a quien lo padece.

Se caracteriza por un miedo irracional y constante a la interacción social o a tener que hacer cosas delante de otras personas.

Cuando una persona sufre fobia social y se tiene que enfrentar a hablar con otra persona que no sea de su confianza, llamar por teléfono, ir a comprar, apuntarse a una actividad, coger el transporte público, probarse ropa… sufre de gran ansiedad.

La persona que padece fobia social suele presentar miedo a hablar, a leer, a comer, a escribir en público; miedo a jugar, a usar servicios públicos, a hablar a figuras de autoridad y a relacionarse en situaciones formales.

Esta ansiedad en ocasiones puede dar lugar a crisis de ansiedad, dolores de cabeza, de estómago, sudoración profusa, taquicardias…

No obstante, lo más frecuente es que la persona evite estas situaciones para no tener que lidiar con grados elevados de ansiedad.

¿Cuáles son las consecuencias?

Todas las manifestaciones de ansiedad dan lugar a un gran malestar y por ello interfieren en gran medida en la vida académica, laboral, familiar y social.

Por ello entre las consecuencias derivadas de este miedo a la interacción social se encuentran: fracaso y abandono escolar, desarrollo de otros trastornos de ansiedad o trastornos del estado del ánimo, desarrollo de conductas adictivas como forma de gestión de la ansiedad…

Por eso es fundamental un diagnóstico temprano para poder realizar una intervención precoz

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La urgencia psiquiátrica

María Robles Urgencia Psiquiátrica

¿Corre peligro la vida?

Una urgencia psiquiátrica no tiene porqué conllevar un riesgo vital para el paciente.

En algunos casos sí existe un riesgo potencial para el paciente o para las personas que están a su alrededor, pero no es una condición indispensable para que una situación sea considerada una urgencia psiquiátrica.

Entendemos como urgencia psiquiátrica aquel momento en el que una persona se encuentra emocionalmente bloqueadao sobrepasada por una situación actual.

En ocasiones una noticia imprevista, un accidente, una pelea, un hecho fuera de la rutina cotidiana… puede hacer que la persona se sumerja en un bloqueo emocional o, por el contrario, en un estado de gran ansiedad que no sea capaz de manejar.

Por otro lado, una urgencia psiquiátrica es también aquella situación en la que la persona presenta conductas desorganizadas porque su juicio de realidad está alterado.

En estas situaciones sí que puede existir un riesgo vital tanto para la persona como para los que le rodean, debido a lo impredecible de sus acciones, bien porque se encuentra en una agudización de su enfermedad mental.

O también puede ser que nos encontremos antes el debut de una enfermedad mental, bien por haber consumido sustancias tóxicas (alcohol, cocaína, cannabis, estimulantes…) en grandes cantidades o en cantidades superiores a lo que suele hacerlo.

¿Qué es lo más importante en la urgencia psiquiátrica?

En una urgencia psiquiátrica es de la máxima importancia saber qué ha pasado con anterioridad a la aparición de la clínica que la persona presenta en este momento.

Si la persona no puede contarlo por sí misma debido su estado, es de gran ayuda la intervención de la familia o de alguien de su confianza que pueda explicar qué ha pasado o cómo ha estado la persona en los días previos.

Una vez que tenemos la información y que hemos explorado al paciente, se ha de descartar que no haya una enfermedad médica subyacente que esté causando el cuadro clínico actual.

Esto se hace en base a la información aportada por la familia, por el paciente, con los antecedentes médicos, psiquiátricos y toxicológicos del paciente y según la exploración psicopatológica, pues es muy importante tener en cuenta siempre la posibilidad de que haya una causa orgánica que justifique lo que está pasando. 

Es prioritaria la atención especializada del paciente que se encuentra en un momento de crisis vital, puesto que los efectos del sufrimiento mantenido en el tiempo repercuten de forma importante en la funcionalidad de las personas a corto, a medio y largo plazo.

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La comparación con otros

maría robles comparación

¿De dónde viene la comparación?

La comparación es algo a lo que estamos acostumbrados desde pequeños, pero NO desde que nacemos. Vivimos sin compararnos hasta aproximadamente los 12-18 meses, cuando por primera vez nos reconocemos a nosotros mismos.

Una vez que nos reconocemos a nosotros mismos, los demás cobran también otro sentido para nosotros y, sin quererlo, se convierten en otros “espejos” para nosotros. Soy más pequeño que mi hermano, soy más alto que esa niña, soy muy parecido a papá… Y de esta manera pareja a la creación de la identidad, se va construyendo el autoestima.

Además, la comparación no siempre es mala. Necesitamos tener unos cánones con los que compararnos para que la sociedad funcione.

¿Qué hacemos cuando nos comparamos con los de nuestro entorno?

Al compararnos con algo siempre nos estamos poniendo en situación de inferioridad, no nos comparamos con algo que creemos que tiene menos cualidades que nosotros o con cosas que no tienen valor para nosotros. Siempre nos comparamos con aquello que anhelamos poseer ya sean cualidades, relaciones, objetos materiales, oportunidades vitales…

La comparación tiene un componente de idealización o deseo por aquello con lo que nos comparamos, y por ello, siempre vamos a salir perdiendo.

Además no nos comparamos como una totalidad cuando nos comparamos con alguien, me explico: nos comparamos con X porque tiene las oportunidades laborales que a nosotros nos gustarían, con Y porque tiene unas facciones que la hacen muy atractiva, con Z porque tiene la casa que desearíamos, con H porque tiene la relación conyugal perfecta…. Y así sucesivamente.

Entonces no “nos cambiaríamos” por una persona, sino que nos cambiaríamos por diferentes personas en distintos ámbitos. Por ello la comparación también tiene una parte de irrealidad ya que no nos cambiaríamos enteros por otra persona, sino solamente algunos aspectos.

¿Qué pasa si nos comparamos diariamente?

A menudo nos pasamos el día pensando y nos sumergimos en una espiral de pensamientos comparativos, pues hemos de empezar a ir identificándolos, y cuando lo hagamos recordarnos que la comparación es una fuente de frustración crónica.

Esta frustración puede acabar dando lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del estado de ánimo y, en resumen, a una infelicidad constante. Nunca vamos a reunir los suficientes requisitos ni a tener las suficientes pertenencias.

¿Qué debemos hacer?

Debemos ser en todo momento conscientes de lo que estamos sintiendo, lo que no es fácil, pero se puede entrenar día a día. La única comparación aceptable es con uno mismo, pues uno mismo es la única persona que ha pasado por las mismas circunstancias vitales, y por eso solamente debemos compararnos con nuestro yo del pasado.

Mirar a los demás nos hace sentirnos pequeños y volver atrás, porque solamente nos fijamos en aquellos que van por delante y nunca en los que van por detrás. Además cada persona tenemos unas vivencias personales diferentes a las de cualquier otra persona.

Nuestras cualidades, nuestros defectos, nuestra red de soporte afectivo, las oportunidades económicas, la familia… todo es diferente de una persona a otra, por ello al igual que somos capaces de ver estas diferencias, hemos de ser capaces de interiorizar que la comparación carece de sentido porque nadie a vivido y sentido exactamente lo mismo que uno mismo.

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Comparación: un mal hábito

María Robles Comparación: mal hábito

La comparación con el que tenemos al lado es muy frecuente.

Solemos compararnos con los que tenemos alrededor, y no nos damos cuenta del sufrimiento interno que lleva parejo este hábito.

Cuando alguien se compara con alguien o con algo, automáticamente se pone en una posición de inferioridad, y por ello la comparación siempre es negativa para nosotros mismos.

Solemos compararnos con personas más exitosas, que tienen mejor forma física, que tienen alguna cualidad que nosotros deseamos…

Y esto es porque nunca nos vamos a comparar con alguien que creamos que tiene menos cualidades que nosotros.

Además no nos comparamos en global, sino que nos comparamos en alguna cualidad en concreto de las que nosotros flaqueamos, contribuyendo así a pensar que tenemos que mejorar muchos aspectos de nosotros mismos.

O también a sentirnos mal con nosotros mismos día tras día, comparación tras comparación.

¿Hay alguna comparación que puede ser beneficiosa?

La única comparación que está permitida es aquella que hacemos con nosotros mismos, con nuestro yo del pasado.

Cada persona es única y ha tenido unas vivencias y unas oportunidades diferentes, por ello no podemos compararnos con alguien que no ha vivido, sentido y tenido las mismas oportunidades que nosotros.

Las comparaciones son negativas porque distorsionan la imagen que tenemos de nosotros mismos, cuanto más nos comparemos, más se distorsionará.

Una persona que se compara mucho con los demás suele tener baja autoestima y con este hábito contribuirá a que su autoestima disminuya aún más.

Si nos comparamos diariamente con los demás no nos daremos cuenta de todas las cosas buenas que nosotros tenemos. Y no nos dejará avanzar ni progresar en nuestro camino.

Hemos de aprender a apreciar lo bueno que tienen los demás y admirarlo, no a envidiarlo. La envidia, por “muy buena” que digamos que es, es mala en todas sus formas.

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