Creación de un hábito

María Robles modificación de hábitos

¿Qué es un hábito?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se define hábito como “Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas”

¿Cómo se genera un hábito?

El mecanismo por el que generamos los hábitos es bastante simple: repetir una conducta hasta que se automatiza

Esto no quiere decir que se trate de una tarea fácil (a pesar de su simpleza), sobre todo cuando el objetivo de crear el nuevo hábito es abandonar otro anterior. 

Una vez que automatizamos la conducta, ésta se hace más cómoda y eficaz, pero las primeras veces que desarrollamos la conducta nueva, nos puede resultar difícil, ya que es algo nuevo para nosotros.

Si además tenemos que evitar dejarnos llevar por el antiguo hábito para tratar de crear el nuevo, el esfuerzo que debemos hacer, requerirá que tengamos una buena motivación para el cambio.

Sin embargo es importante que tengamos presente que la motivación de que disponga la persona que se plantea el cambio, debe dirigirse a la formación del nuevo hábito, a través de las repeticiones periódicas de la nueva conducta.

¿En qué nos basamos?

Para William James (1842-1910), uno de los padres de la psicología moderna, cuyas teorías han sido refrendadas por diferentes teorías y estudios a lo largo del último siglo.

En su obra Principios de Psicología los cambios estructurales que se producen en nuestro cerebro mediante la ejecución de acciones nuevas, requieren que éstas se repitan de forma sistemática al menos durante un periodo de 21 días consecutivos.

Según este autor, después de tres semanas de repeticiones, la nueva conducta se interioriza e integra en forma de hábito.

Teniendo esta idea presente, podemos plantearnos el cambio de un hábito como si se tratara de un combate de boxeo de 21 asaltos: cada día tendremos el objetivo de aguantar el ataque del contrincante (el hábito antiguo) del que nos defenderemos abrazando el nuevo hábito (como si de un dogma de fe se tratase), sabiendo que al final del combate el sufrimiento se desvanecerá y ya no nos resultará difícil mantener el nuevo hábito.

Debemos plantearnos el cambio de hábitos como un cambio sistemático de conductas lo más concretas posible.

Si hablamos por ejemplo de introducir cambios en nuestra alimentación, debemos elegir los hábitos concretos que vamos a cambiar, y abordarlos uno a uno de forma individual y concreta. 

Una vez adoptado este hábito, cuando mantenerlo no suponga tanto esfuerzo, nos plantearemos el siguiente. 

Ha de ser una prioridad el establecer objetivos concretos y asequibles para conseguir cambios más generales a largo plazo.

Es importante definir muy bien la conducta que queremos transformar en hábito y con qué hábito nocivo va a competir.

Además la persona debe abrazar el nuevo hábito de forma sistemática, a ser posible, incluso con cierta regularidad horaria, como si de un ritual se tratara.

Podemos resumir en tres ideas:

  • Es necesario que la persona perciba la necesidad de cambio. Puede que la persona sea consciente de las conductas que tiene le perjudican o que la motivación venga dada por algún agente externo.
  • Los hábitos antiguos no pueden ser desactivados sin más, se trata de que “cerremos ese camino” aunque permanecerá ahí. Para evitar pasar por él, debemos abrir otros.
  • Para crear un nuevo hábito, es imprescindible definir la nueva conducta muy concretamente y repetirla con la mayor frecuencia posible durante al menos 3 semanas.

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Motivación

María Robles Motivación

¿Qué es la motivación?

La motivación es fuerza, impulso, energía, deseo y buena disposición que activa o mueve al sujeto hacia el logro de un objetivo o fin. 

Es lo que hace que un individuo actúe y se comporte de una determinada manera. Es una combinación de procesos intelectuales, fisiológicos y psicológicos que decide, en una situación dada, cómo actuar.

Dirigir las emociones para conseguir un objetivo es esencial para mantenerse en un estado de búsqueda permanente y para mantener la mente creativa para encontrar soluciones. Las personas que tienen esta habilidad tienden a ser más productivas y eficaces, cualquiera que sea su emprendimiento.

¿Qué queremos?, ¿cómo lo queremos?, ¿en cuánto tiempo?, y después que lo tenemos ¿qué hacemos con él?

Estas interrogantes permiten definir el camino que escogemos para llegar a una o a otra decisión, pudiendo ser nimia o trascendental.

Es por ello que la motivación es lo que nos garantiza que estemos enfocados hacia lo queremos, y redirige a las personas hacia la obtención de lo que se anhela. De acuerdo a lo anterior, se puede inferir que todos los procesos y toma de decisiones que se hacen en el transcurso de la vida, están sujetos al grado de incentivación o motivación que posea el individuo.

El logro de objetivos y metas es directamente proporcional a las circunstancias favorables que nos conducen a ellos, al esfuerzo que se realiza y al afán de obtenerlo.

¿Cuál es el elemento más importante?

  • La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en el elemento más importante de la motivación.
  • La motivación está constituida por todos los factores capaces de provocar, mantener y dirigir la conducta hacia un objetivo determinado.

Para alcanzar una meta, las personas han de tener suficiente activación y energía, un objetivo claro y la capacidad y disposición de emplear su energía durante un periodo de tiempo lo suficientemente largo para poder alcanzar su meta.

El elemento más importante de la motivación reside en la manera como nos sentimos emocionalmente en una situación determinada. Un elemento primordial es la manera de sentir nuestras emociones.

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Apego y vínculos

 

María Robles apego y vínculos

 

¿Qué es?

El apego es la relación de afecto que se establece entre el bebé recién nacido y su madre, o padre o cuidador principal.

El creador de esta teoría fue John Bowlby, prestigioso psiquiatra psicoanalista inglés a quien la ONU encargó un folleto sobre las dificultades que presentaban los huérfanos y sin hogar al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Bowlby estudió un grupo de 44 jóvenes y evidenció el impacto de la privación precoz de cuidados familiares. Posteriormente publicó la Teoría del Apego, con lo que Bowlby fue aislado por sus compañeros, ya que abarca campos de la psicología, de la teoría evolutiva y de la etología, y cuestiona algunos supuestos teóricos del psicoanálisis (1), escuela a la que él pertenecía y en la que se había formado.

El modelo propuesto se basaba en la existencia de cuatro sistemas de conducta, relacionados entre sí: Conducta de apego, conducta de exploración, miedo a lo extraño y sistema afiliativo.

  • El sistema de apego lo forman todas aquellas señales que buscan la proximidad y el contacto con las figuras de apego (FA) (sonrisa, gestos, lloros…). Se activa cuando se aleja la figura de apego o cuando se percibe una amenaza.
  • El sistema de exploración tiene cierta incompatibilidad con el de apego: cuando disminuyen las conductas de apego se activan las de exploración, y viceversa.
  • Los mismo ocurre con el sistema de miedo a lo extraño: cuando aparece lo extraño aumentan las conductas de apego y disminuyen las de exploración, y al revés.
  • El sistema afiliativo se refiere al interés que muestran los individuos a mantener relaciones de proximidad e interactuar con otros, incluso con quienes no se han establecido vínculos afectivos, lo que tiene cierta contradicción con el miedo a lo extraño.

Posteriormente se siguió estudiando el apego en esta línea

En 1.964 Schaffer y Emerson estudiaron 60 bebés y sus familias, durante los dos primeros años de vida, observando que el vínculo establecido dependía fundamentalmente de la sensibilidad y de la capacidad de respuesta del cuidador a las necesidades de los bebés (2).

Posteriormente Mary Ainsworth, psicóloga USA, se traslada a Uganda y estudia los efectos de la presencia-ausencia de la madre sobre la conducta exploratoria de los niños, diseñando para ello la situación experimental de laboratorio “Situación del Extraño”, uno de los más conocidos e imitados en este tipo de estudios.

La prueba dura unos 20 minutos con ocho episodios: la madre y el niño entran en una sala de juego. Enseguida entra una persona desconocida (extraño) y mientras ella juega con el niño la madre sale de la sala y deja al niño solo con el extraño. La madre regresa y vuelve a salir, pero esta vez con el extraño, y el niño se queda solo. Finalmente, la madre regresa con el extraño.

¿Qué se encontró?

Ainsworth encontró tres patrones de conducta, representativos de los tipos de apego establecidos:

  • Los niños de apego seguro tenían madres muy sensibles y responsivas a las llamadas del bebé. Cuando entraban en la sala enseguida se ponían a explorar, usando a la madre como base segura; cuando salía la madre se mostraban afectados y disminuían la exploración y cuando volvía se alegraban y se acercaban a ella, para enseguida volver a explorar.
  • Los niños de apego inseguro-evitativo tenían madres relativamente sensibles y rechazantes a las llamadas del bebé. Al entrar en la sala se ponían a explorar los juguetes, ignorando a la madre. Cuando salía la madre no se mostraban afectados ni se alegraban cuando regresaba.
  • Los niños de apego inseguro-ambivalente tenían madres que se mostraban sensibles y cálidas en unas ocasiones y frías e insensibles en otras. Estos niños cuando entraban en la sala apenas exploraban, se mostraban preocupados por su madre, lo pasaban mal cuando ésta salía de la habitación y se mostraban ambivalentes a su regreso.

Sin embargo…

Más recientemente se ha propuesto la existencia de un cuarto tipo de apego, denominado inseguro-desorganizado/desorientado, que inicialmente eran considerados inclasificables. Son los niños más inseguros y al reunirse con la madre tras la separación muestran conductas confusas y contradictorias.

Tradicionalmente el apego más fuerte se establece con la madre, por su relación especial con el niño, pero en la actualidad por motivos laborales, económicos, etc. puede formarse con varias personas, pero siempre en grupo reducido (3).

Según Bowlby, estas relaciones con las FA van a servir para construir una representación mental de uno mismo y de las relaciones con los demás (modelo representacional interno).

Un aspecto clave es la noción de quiénes son las FA, dónde se encuentran y qué se puede esperar de ellas, así como si uno mismo es querido y valorado por las FA.

Desde este punto de vista se considera que el aspecto determinante de la relación es la respuesta del cuidador a las llamadas del niño, que puede clasificarse en tres tipos: mostrarse sensible a la llamada y permitir su acceso (llevaría a un modelo de apego seguro), mostrarse sensible e impedir el acceso (llevaría a un modelo de apego inseguro-evitativo), y atender y permitir el acceso de forma imprevisible (que llevaría a un modelo de apego inseguro-ambivalente).

El modelo representacional puede construirse también en ausencia de relación con la figura de apego, ya que en este caso lo importante sería la ausencia de respuesta.

Así, el modelo relacional influirá hondamente en las relaciones sociales futuras

Las personas que tuvieron un apego seguro con sus cuidadores confiarán en las personas con las que se relacionen, mientras que los que tuvieron experiencias negativas con sus FA no esperarán nada positivo o gratificante, sino que esperarán rechazo o falta de respuesta empática. Pero aunque estos primeros vínculos sean problemáticos, las experiencias posteriores pueden ofrecer una reelaboración (5).

Las características del niño también pueden influir en el apego que se establece. Hay evidencia de que el bajo peso al nacer, prematuridad y ciertas enfermedades del recién nacido exigen más cuidados de los padres, y en familias de riesgo pueden llevar a un apego inseguro. Lo que ha llevado a pensar que el temperamento del niño también puede influir en la calidad del apego, lo que ha suscitado un acalorado debate en los últimos años.

Esta teoría ha sido considerada uno de los planteamientos más sólidos en el campo del desarrollo emocional y cuenta con una amplia variedad de estudios e investigaciones que la han convertido en una de las principales áreas de investigación evolutiva.

Bibliografía

1. Gago, Josu.Teoría del Apego. El vínculo. Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar. https://www.avntf-evntf.com/wp-content/uploads/2016/06/Teor%C3%ADa-del-apego.-El-v%C3%ADnculo.-J.-Gago-2014.pdf.

2. Oliva Delgado, Alfredo.Estado actual de la teoría del apego. psiquiatriainfantil.org. http://psiquiatriainfantil.org/numero4/Apego.pdf.

3. PSICODIAGNOSIS, GABINETE.psicodiagnosis.es. https://psicodiagnosis.es/areageneral/ciclo-evolutivo/el-apego/.

4. Soares, Isabel.Internatiohnal Journal of Clinical and Health Psycology. 2007, vol. 7, nº 1. pp. 177-195. https://repositorio-ucp.pre.rcaap.pt/bitstream/10400.14/2807/1/art-int-arb_2007_FEP_1465_Dias_Pedro_01.pdf.

5. Wallin, David J.El Apego en Psicoterapia. s.l. : Desclée de Brouwer.

 

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Modificación de un hábito

María Robles Modificación de hábitos

Hábito significa modo de proceder adquirido por repetición de actos iguales u originado por tendencias instintivas.

Los hábitos pueden ser buenos o malos. Los buenos mejoran la calidad de vida, pero los malos tienen consecuencias negativas, muchas veces dañinas e irreversibles.

Hay multitud de hábitos y diversos factores intervienen en su formación, pero pueden clasificarse en tres tipos: sensoriales, motores e intelectuales.

Los sensoriales están vinculados a los sentidos, por ejemplo la percepción del matiz de los colores por un pintor; los motores se relacionan con movimientos como caminar, escribir, etc., y los intelectuales son el resultado de la actividad de pensar.

Los hábitos son adquiridos y, por tanto, modificables. Pero modificar o abandonar un hábito es muy difícil y bastante complicado.

¿Cuáles son las etapas para modificar un hábito?

Se considera que hay seis etapas en la modificación de un hábito:

1. Precontemplación: Cuando aparece ante nosotros el daño. Por ejemplo cuando nos dicen​que no deberíamos beber tanto o cuando nos damos cuenta de que bebemos más de lo que necesitamos. Pero al mismo tiempo buscamos razones para no hacerlo.

2. Contemplación: Ya no se buscan razones para no cambiar, se asume la conducta dañosa y hasta se hacen propósitos para cambiarla o abandonarla, y hasta se pueden hacer intentos, que enseguida se abandonan.

3. Preparación: El haber hecho intentos de cambiar sin haber tenido éxito, lleva a conocer que abandonar el hábito es costoso y difícil, pero ya se tiene conciencia de que es necesario.

4. Concreción: Aparecen los esfuerzos conscientes y continuados por abandonarlo, y se consiguen ciertos logros, aunque no se logra el éxito. Muchas veces por carecer de una estrategia adecuada.

5. Mantenimiento: El hábito se ha abandonado ya, pero queda la tarea de evitarlo y persistir en la nueva conducta.

6. Recaída: Es la vuelta a la conducta de hábito, pero nunca se vuelve al punto cero: las tres primeras fases ya no son necesarias si se quiere volver a intentar el abandono, aunque es recomendable empezar en la tercera y revisar las estrategias.

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Qué es el autoestima

María Robles Autoestima

La historia de la autoestima se inicia con William James, a finales del siglo XIX, con su libro “ Los principios de la Psicología ”.

Autoestima es la consideración que uno tiene de sí mismo. Es la capacidad de identificar y entender cómo somos y cómo reaccionamos, y el aceptarse con las cualidades y limitaciones que se tienen.

Por ejemplo, puntos fuertes y débiles, intereses, necesidades, motivaciones, valores y objetivos. No es innata sino que se adquiere y se va desarrollando a lo largo de toda la vida

El ser humano se percibe a nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos: se evalúa y los evalúa; siente, en consecuencia, emociones relacionadas consigo mismo; todo lo cual evoca en él tendencias conductuales coherentes con sus percepciones, pensamientos, evaluaciones y sentimientos.

Así pues, estos conjuntos de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias conductuales dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia los rasgos de nuestro cuerpo y de nuestro carácter, configuran las actitudes que globalmente, llamamos autoestima.

La autoestima en suma, es la percepción evaluativa de uno mismo.


La importancia de la autoestima estriba en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra valía personal. Por lo tanto, no puede menos de afectar a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás.

Todos, pues, desarrollamos una autoestima suficiente o deficiente, positiva o negativa, alta o baja…, aunque de la manera más realista y positiva posible y que nos permita descubrir nuestros recursos personales, apreciarlos y utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias, para aceptarlas y superarlas en la medida de nuestras posibilidades.

Si no nos valoramos en lo que realmente valemos, si reconocemos y apreciamos las cualidades y talentos que realmente poseemos, si no aceptamos con serenidad nuestras limitaciones, seremos presa fácil de la inseguridad y la desconfianza en nosotros mismos, y en muchos casos podemos acabar sufriendo trastornos de ansiedad, del estado del ánimo o del sueño.

¿Hay grados de autoestima?

En este sentido, una persona puede presentar uno de tres estados de autoestima:

  • 1. Autoestima alta: se siente útil, valiosa y aceptada por los demás.
  • 2. Autoestima baja: se siente poco o nada apta para la vida, inútil y no valorada ni querida por los demás.
  • 3. Autoestima intermedia: varía dependiendo de las situaciones, unas veces se siente útil y otras inútil, unas muy valorado y otras nada…

Una autoestima saludable nos permite enfrentarnos a las situaciones de la vida con confianza y optimismo, y alcanzar más fácilmente los objetivos, pero una baja autoestima nos hace sentir inútiles, dubitativos, faltos de capacidad, no queridos por los demás, etc.

La persona que se autoestima suficientemente se aprecia a sí misma como persona y se considera igual (aunque diferente) a los demás, se respeta a sí misma sin culparse ni permitir que la traten mal y desarrolla y fortalece sus capacidades para tomar decisiones y resolver asuntos.

A medida que vamos creciendo debemos depender menos de lo que nos viene de fuera y afirmarnos más a nosotros mismos.

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Idealización de la pareja

María Robles idealización de la pareja

La idealización consiste en ver de manera incrementada las virtudes de una persona, y por ello nos situamos a nosotros mismos en una posición de inferioridad.

Ocurre cuando solamente nos quedamos con los aspectos positivos de las personas, los cuales exaltamos y subimos a la categoría de semi-dioses. Además ignoramos lo malo o imperfecto que puedan tener y lo justificamos.

Cuando nos enamoramos o cuando iniciamos una relación de pareja es normal que haya una cierta idealización de la otra persona. Sin embargo, algunas personas tienen tendencia a la idealización de los demás.

En ocasiones esta idealización no solamente es de la pareja, sino también de los amigos, de la familia, del entorno laboral…

Por ello estas personas tienen un gran sufrimiento interno ya que al idealizar a los demás, siempre se ponen a ellos mismos en una situación de inferioridad.

La idealización va muy ligada al grado de autoestima que tengas.

Las personas que no se valoran a sí mismas siempre verán por encima suyo a los demás, por lo que la idealización será algo muy frecuente en sus conductas.

Si una persona tiene baja autoestima y no se siente valioso, tendrá tendencia a exagerar las cualidades de los demás, en concreto de la pareja.

Debemos de tener esto muy presente puesto que hay mucho riesgo de acabar presentando dependencia emocional , con los riesgos que ello conlleva.

Si crees que no eres suficientemente bueno para tu pareja y además la tienes idealizada, puedes acabar intentando complacerle en todos los aspectos y haciendo a esa persona tu prioridad.

Y cuando esto ocurre puedes acabarte conviertiendo en un verdaderos esclavo emocional.

Otro de los problemas de idealizar a los demás es que en algún momento este aura de perfección que le hemos dado, se irá debilitando y empezaremos a ver a la persona como realmente es.

Y es en este momento cuando muchas personas se sienten humilladas o engañadas.

Pero es algo que tiene que ver con cómo veíamos nosotros a esa persona y no con algún cambio que haya hecho la persona en sí misma.

Por ello, para no acabar cayendo en la trampa de idealizar a los que nos rodean, debemos trabajar nuestro autoestima de manera que sintiéndonos bien con nosotros mismos no nos veremos inferiores a nuestra pareja.

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Comparación: un mal hábito

María Robles Comparación: mal hábito

La comparación con el que tenemos al lado es muy frecuente.

Solemos compararnos con los que tenemos alrededor, y no nos damos cuenta del sufrimiento interno que lleva parejo este hábito.

Cuando alguien se compara con alguien o con algo, automáticamente se pone en una posición de inferioridad, y por ello la comparación siempre es negativa para nosotros mismos.

Solemos compararnos con personas más exitosas, que tienen mejor forma física, que tienen alguna cualidad que nosotros deseamos…

Y esto es porque nunca nos vamos a comparar con alguien que creamos que tiene menos cualidades que nosotros.

Además no nos comparamos en global, sino que nos comparamos en alguna cualidad en concreto de las que nosotros flaqueamos, contribuyendo así a pensar que tenemos que mejorar muchos aspectos de nosotros mismos.

O también a sentirnos mal con nosotros mismos día tras día, comparación tras comparación.

¿Hay alguna comparación que puede ser beneficiosa?

La única comparación que está permitida es aquella que hacemos con nosotros mismos, con nuestro yo del pasado.

Cada persona es única y ha tenido unas vivencias y unas oportunidades diferentes, por ello no podemos compararnos con alguien que no ha vivido, sentido y tenido las mismas oportunidades que nosotros.

Las comparaciones son negativas porque distorsionan la imagen que tenemos de nosotros mismos, cuanto más nos comparemos, más se distorsionará.

Una persona que se compara mucho con los demás suele tener baja autoestima y con este hábito contribuirá a que su autoestima disminuya aún más.

Si nos comparamos diariamente con los demás no nos daremos cuenta de todas las cosas buenas que nosotros tenemos. Y no nos dejará avanzar ni progresar en nuestro camino.

Hemos de aprender a apreciar lo bueno que tienen los demás y admirarlo, no a envidiarlo. La envidia, por “muy buena” que digamos que es, es mala en todas sus formas.

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Estrés académico

María Robles estrés académico

¿Es malo el estrés académico?

El estrés académico es algo absolutamente normal y a todos nos ha pasado. Muy pocas personas pasan el período de exámenes sin preocupación.

Los que estudian mucho tienen estrés porque aspiran a notas altas; los que estudian en la media lo sufren por el temor de que les pregunten algo que han pasado por alto o que no dominan del todo; y los que no han estudiado lo sufren porque quieren aprender todo en muy poco tiempo.

Hasta aquí lo normal, y es que el estrés académico es bueno siempre que no superemos un determinado nivel, ya que nos facilita una disposición para activarnos y buscar nuestros objetivos o afrontar los desafíos que nos vienen por delante, en este caso los exámenes.

Pero si superamos el nivel normal de estrés entramos en el campo de lo disfuncional: entonces el estrés se convierte en miedo y puede bloquearnos. Así, el que estudia mucho puede tener estrés por no sacar sobresaliente en todos los exámenes, el que estudia normal puede no tolerar un solo suspenso, y el que estudia poco puede tener un estrés demasiado alto si en lugar de pensar en el próximo examen ve peligrar todo su futuro.

¿Cómo se puede prevenir?

Para evitar que el estrés nos domine y se convierta en algo patológico, es recomendable seguir una serie de pautas que nos ayuden a controlarlo, y evitar así que el estrés sea el que nos controle a nosotros:

  • La más importante es identificar el estrés académico; esto es, comprender que no estamos en una etapa fácil, pero que pronto pasará; los exámenes son una etapa que implica una gran dedicación física y psicológica y en la que vamos a dejar de lado muchas facetas de nuestra vida.
  • Otra recomendación fundamental es la adecuada planificación del tiempo de estudio a lo largo del período en el que se esté dando la materia. De esta manera podremos llegar al examen con todo leído y preparado al menos una vez. Es deseable que los apuntes ya estén preparados al gusto o a la manera de estudiar de cada uno.
  • Además, debemos dormir el tiempo necesario para asegurarnos un buen descanso. El sueño es imprescindible para memorizar la información aprendida durante el día.
  • Por otro lado, estudiar en un lugar en el que nos sintamos a gusto es fundamental porque sino incrementará nuestro nivel de alerta y nos concentraremos peor, lo que hará que pasemos más tiempo sentados en la silla sin sacar rendimiento al mismo.
  • Reducir al máximo las distracciones, especialmente el móvil.
  • También cuidar la alimentación nos ayudará a controlar el estrés.
  • Sobretodo se han de hacer descansos cada una hora u hora y media. Tras ese tiempo de estudio la atención, concentración y capacidad de memorización empiezan a disminuir y el estrés aumenta proporcionalmente, por lo que es necesario parar algunos minutos. También descansar después de estudiar y dedicarnos a otras actividades placenteras.
  • No abusar de los estimulantes como el café, coca cola, bebidas energéticas… aunque pueden mantenernos despiertos cuando empezamos a cansarnos, posteriormente pueden generar más estrés. Como hemos dicho antes, un sueño adecuado es imprescindible.
  • También realizar ejercicio físico nos ayuda a liberar la tensión acumulada, a detener los pensamientos rumiativos, y libera endorfinas, lo que disminuye el estrés y nos hace sentirnos mejor.
  • Por último, a las personas más nerviosas o con tendencia a pasarlo muy mal durante los períodos de mayor estrés académico puede serles muy beneficioso practicar técnicas de relajación o meditación.
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