Creación de un hábito

María Robles modificación de hábitos

¿Qué es un hábito?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se define hábito como “Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas”

¿Cómo se genera un hábito?

El mecanismo por el que generamos los hábitos es bastante simple: repetir una conducta hasta que se automatiza

Esto no quiere decir que se trate de una tarea fácil (a pesar de su simpleza), sobre todo cuando el objetivo de crear el nuevo hábito es abandonar otro anterior. 

Una vez que automatizamos la conducta, ésta se hace más cómoda y eficaz, pero las primeras veces que desarrollamos la conducta nueva, nos puede resultar difícil, ya que es algo nuevo para nosotros.

Si además tenemos que evitar dejarnos llevar por el antiguo hábito para tratar de crear el nuevo, el esfuerzo que debemos hacer, requerirá que tengamos una buena motivación para el cambio.

Sin embargo es importante que tengamos presente que la motivación de que disponga la persona que se plantea el cambio, debe dirigirse a la formación del nuevo hábito, a través de las repeticiones periódicas de la nueva conducta.

¿En qué nos basamos?

Para William James (1842-1910), uno de los padres de la psicología moderna, cuyas teorías han sido refrendadas por diferentes teorías y estudios a lo largo del último siglo.

En su obra Principios de Psicología los cambios estructurales que se producen en nuestro cerebro mediante la ejecución de acciones nuevas, requieren que éstas se repitan de forma sistemática al menos durante un periodo de 21 días consecutivos.

Según este autor, después de tres semanas de repeticiones, la nueva conducta se interioriza e integra en forma de hábito.

Teniendo esta idea presente, podemos plantearnos el cambio de un hábito como si se tratara de un combate de boxeo de 21 asaltos: cada día tendremos el objetivo de aguantar el ataque del contrincante (el hábito antiguo) del que nos defenderemos abrazando el nuevo hábito (como si de un dogma de fe se tratase), sabiendo que al final del combate el sufrimiento se desvanecerá y ya no nos resultará difícil mantener el nuevo hábito.

Debemos plantearnos el cambio de hábitos como un cambio sistemático de conductas lo más concretas posible.

Si hablamos por ejemplo de introducir cambios en nuestra alimentación, debemos elegir los hábitos concretos que vamos a cambiar, y abordarlos uno a uno de forma individual y concreta. 

Una vez adoptado este hábito, cuando mantenerlo no suponga tanto esfuerzo, nos plantearemos el siguiente. 

Ha de ser una prioridad el establecer objetivos concretos y asequibles para conseguir cambios más generales a largo plazo.

Es importante definir muy bien la conducta que queremos transformar en hábito y con qué hábito nocivo va a competir.

Además la persona debe abrazar el nuevo hábito de forma sistemática, a ser posible, incluso con cierta regularidad horaria, como si de un ritual se tratara.

Podemos resumir en tres ideas:

  • Es necesario que la persona perciba la necesidad de cambio. Puede que la persona sea consciente de las conductas que tiene le perjudican o que la motivación venga dada por algún agente externo.
  • Los hábitos antiguos no pueden ser desactivados sin más, se trata de que “cerremos ese camino” aunque permanecerá ahí. Para evitar pasar por él, debemos abrir otros.
  • Para crear un nuevo hábito, es imprescindible definir la nueva conducta muy concretamente y repetirla con la mayor frecuencia posible durante al menos 3 semanas.

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Comunicación interpersonal

María Robles Comunicación Interpersonal

¿Qué es?

El proceso de comunicación se lleva a cabo cuando dos o más personas se encuentran en el mismo lugar y son conscientes de la presencia del otro. Aquí podemos leer sobre el proceso de comunicación.

La comunicación interpersonal es el proceso por medio del cual las personas logran realizar un intercambio de informaciónsentimientos y significados por medio de los mensajes verbales y no verbales. Es la comunicación cara a cara.

Condiciones para una buena comunicación no verbal

  • Distancia
  • Contacto ocular
  • Cuidar el tono y volumen de voz
  • Postura
  • Expresión facial

Condiciones para una buena comunicación verbal

  • Empezar diciendo algo positivo
  • Información clara, simple y breve
  • Referirnos solo a una idea
  • Repetir lo que se dice
  • Asegurarnos que la persona lo ha entendido. Podemos pedirle que lo repita

¿Cómo expresar sentimientos positivos?

  • Mira directamente a la persona
  • Di exactamente qué es lo que te agradó
  • Dile cómo te sentiste

¿Qué estilos de comportamiento hay en relación a la comunicación?

Pueden hacer referencia tanto al usuario como al profesional. No debemos catalogarlos de manera rígida, puesto que las personas cambiamos en función de las circunstancias vividas, pero suelen tener un factor más o menos estable cuando se trata de relacionarnos en ámbitos de salud.

  • Características del estilo inhibido o pasivo:
  • No le respetan los derechos
  • Se aprovechan de él. No consigue sus objetivos
  • Se siente una persona frustrada, desgraciada, herida, ansiosa,…
  • No expresa sus necesidades, derechos,…
  • Deja a la otra persona elegir por ella misma
  • Características del estilo agresivo:
  • No respeta los derechos de los demás
  • Se aprovecha de la otra personas. Puede alcanzar sus objetivos a expensas de otros
  • Está a la defensiva, denigrando, humillando al otro,…
  • Expresa sus necesidades directa o indirectamente
  • Elige por la otra persona
  • Características del estilo asertivo:
  • Respeta los derechos de los demás
  • La persona puede conseguir sus objetivos
  • Se tiene confianza en uno mismo
  • Se utiliza la expresión “directa”
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Motivación

María Robles Motivación

¿Qué es la motivación?

La motivación es fuerza, impulso, energía, deseo y buena disposición que activa o mueve al sujeto hacia el logro de un objetivo o fin. 

Es lo que hace que un individuo actúe y se comporte de una determinada manera. Es una combinación de procesos intelectuales, fisiológicos y psicológicos que decide, en una situación dada, cómo actuar.

Dirigir las emociones para conseguir un objetivo es esencial para mantenerse en un estado de búsqueda permanente y para mantener la mente creativa para encontrar soluciones. Las personas que tienen esta habilidad tienden a ser más productivas y eficaces, cualquiera que sea su emprendimiento.

¿Qué queremos?, ¿cómo lo queremos?, ¿en cuánto tiempo?, y después que lo tenemos ¿qué hacemos con él?

Estas interrogantes permiten definir el camino que escogemos para llegar a una o a otra decisión, pudiendo ser nimia o trascendental.

Es por ello que la motivación es lo que nos garantiza que estemos enfocados hacia lo queremos, y redirige a las personas hacia la obtención de lo que se anhela. De acuerdo a lo anterior, se puede inferir que todos los procesos y toma de decisiones que se hacen en el transcurso de la vida, están sujetos al grado de incentivación o motivación que posea el individuo.

El logro de objetivos y metas es directamente proporcional a las circunstancias favorables que nos conducen a ellos, al esfuerzo que se realiza y al afán de obtenerlo.

¿Cuál es el elemento más importante?

  • La forma en que nos sentimos emocionalmente en una situación determinada consiste en el elemento más importante de la motivación.
  • La motivación está constituida por todos los factores capaces de provocar, mantener y dirigir la conducta hacia un objetivo determinado.

Para alcanzar una meta, las personas han de tener suficiente activación y energía, un objetivo claro y la capacidad y disposición de emplear su energía durante un periodo de tiempo lo suficientemente largo para poder alcanzar su meta.

El elemento más importante de la motivación reside en la manera como nos sentimos emocionalmente en una situación determinada. Un elemento primordial es la manera de sentir nuestras emociones.

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Qué es el autoestima

María Robles Autoestima

La historia de la autoestima se inicia con William James, a finales del siglo XIX, con su libro “ Los principios de la Psicología ”.

Autoestima es la consideración que uno tiene de sí mismo. Es la capacidad de identificar y entender cómo somos y cómo reaccionamos, y el aceptarse con las cualidades y limitaciones que se tienen.

Por ejemplo, puntos fuertes y débiles, intereses, necesidades, motivaciones, valores y objetivos. No es innata sino que se adquiere y se va desarrollando a lo largo de toda la vida

El ser humano se percibe a nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos: se evalúa y los evalúa; siente, en consecuencia, emociones relacionadas consigo mismo; todo lo cual evoca en él tendencias conductuales coherentes con sus percepciones, pensamientos, evaluaciones y sentimientos.

Así pues, estos conjuntos de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias conductuales dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia los rasgos de nuestro cuerpo y de nuestro carácter, configuran las actitudes que globalmente, llamamos autoestima.

La autoestima en suma, es la percepción evaluativa de uno mismo.


La importancia de la autoestima estriba en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra valía personal. Por lo tanto, no puede menos de afectar a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás.

Todos, pues, desarrollamos una autoestima suficiente o deficiente, positiva o negativa, alta o baja…, aunque de la manera más realista y positiva posible y que nos permita descubrir nuestros recursos personales, apreciarlos y utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias, para aceptarlas y superarlas en la medida de nuestras posibilidades.

Si no nos valoramos en lo que realmente valemos, si reconocemos y apreciamos las cualidades y talentos que realmente poseemos, si no aceptamos con serenidad nuestras limitaciones, seremos presa fácil de la inseguridad y la desconfianza en nosotros mismos, y en muchos casos podemos acabar sufriendo trastornos de ansiedad, del estado del ánimo o del sueño.

¿Hay grados de autoestima?

En este sentido, una persona puede presentar uno de tres estados de autoestima:

  • 1. Autoestima alta: se siente útil, valiosa y aceptada por los demás.
  • 2. Autoestima baja: se siente poco o nada apta para la vida, inútil y no valorada ni querida por los demás.
  • 3. Autoestima intermedia: varía dependiendo de las situaciones, unas veces se siente útil y otras inútil, unas muy valorado y otras nada…

Una autoestima saludable nos permite enfrentarnos a las situaciones de la vida con confianza y optimismo, y alcanzar más fácilmente los objetivos, pero una baja autoestima nos hace sentir inútiles, dubitativos, faltos de capacidad, no queridos por los demás, etc.

La persona que se autoestima suficientemente se aprecia a sí misma como persona y se considera igual (aunque diferente) a los demás, se respeta a sí misma sin culparse ni permitir que la traten mal y desarrolla y fortalece sus capacidades para tomar decisiones y resolver asuntos.

A medida que vamos creciendo debemos depender menos de lo que nos viene de fuera y afirmarnos más a nosotros mismos.

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Aes de la autoestima

En un blog anterior hemos hablado sobre el autoestima y en otro sobre la importancia de quererse a uno mismo. Pero hoy hablaremos sobre las llamadas “Aes del autoestima”.

Este concepto de las Aes del autoestima fue explicado por Bonet en su libro Se Amigo de Ti Mismo: Manual de la Autoestima (1997).

La persona que tiene un buen autoestima posee, en mayor o menor grado, las siguientes características (las “Aes” de la autoestima“): aprecio, aceptación, afecto, atención, autoconciencia, apertura y en una palabra que incluye todas las aneriores: afirmación.

Veamos cada una de estas Aes por separado:

APRECIO
Consiste en apreciarse realmente a uno mismo como persona, sin importar lo que pueda hacer o tener. Simplemente apreciarse por ser persona, sabiendo que es igual a los demás pero con sus propias cualidades, incluyendo: talentos, habilidades y cualidades del cuerpo, de la mente y del espíritu.

ACEPTACIÓN
La aceptación de uno mismo es ser tolerante con cada una de sus limitaciones, de sus fracasos, debilidades o errores. Es tener en cuenta cada una de las cosas más desagradables de su personalidad o de su forma de ser y responsabilizarse de cada uno de sus actos.

AFECTO
Consiste en mantener una actitud positiva, amistosa, comprensiva y cariñosa hacia unos mismo. De esta manera la persona está tranquila consigo misma y disfruta de la soledad.

ATENCIÓN
Consiste en atenderse a uno mismo y cuidar de todas sus necesidades: psíquicas, físicas, espirituales e intelectuales.

AUTOCONCIENCIA

Es darse cuenta del propio mundo interior y escucharse a sí mismo amistosamente.

APERTURA

La apertura consiste en mantener una actitud abierta hacia los demás, sabiendo que todos necesitamos de todos. Es también reconocer al otro y asfirmarle ya que no podemos vivir de manera independiente al resto de las personas.

AFIRMACIÓN
Las afirmaciones son herramientas muy buenas para reemplazar conceptos negativos que ya no sirven. Con las afirmaciones se puede superar creencias, conceptos y actitudes acerca de uno mismo.

Se llega a la conclusión de que la autoestima es la síntesis de todos los pasos anteriores.

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Idealización de la pareja

María Robles idealización de la pareja

La idealización consiste en ver de manera incrementada las virtudes de una persona, y por ello nos situamos a nosotros mismos en una posición de inferioridad.

Ocurre cuando solamente nos quedamos con los aspectos positivos de las personas, los cuales exaltamos y subimos a la categoría de semi-dioses. Además ignoramos lo malo o imperfecto que puedan tener y lo justificamos.

Cuando nos enamoramos o cuando iniciamos una relación de pareja es normal que haya una cierta idealización de la otra persona. Sin embargo, algunas personas tienen tendencia a la idealización de los demás.

En ocasiones esta idealización no solamente es de la pareja, sino también de los amigos, de la familia, del entorno laboral…

Por ello estas personas tienen un gran sufrimiento interno ya que al idealizar a los demás, siempre se ponen a ellos mismos en una situación de inferioridad.

La idealización va muy ligada al grado de autoestima que tengas.

Las personas que no se valoran a sí mismas siempre verán por encima suyo a los demás, por lo que la idealización será algo muy frecuente en sus conductas.

Si una persona tiene baja autoestima y no se siente valioso, tendrá tendencia a exagerar las cualidades de los demás, en concreto de la pareja.

Debemos de tener esto muy presente puesto que hay mucho riesgo de acabar presentando dependencia emocional , con los riesgos que ello conlleva.

Si crees que no eres suficientemente bueno para tu pareja y además la tienes idealizada, puedes acabar intentando complacerle en todos los aspectos y haciendo a esa persona tu prioridad.

Y cuando esto ocurre puedes acabarte conviertiendo en un verdaderos esclavo emocional.

Otro de los problemas de idealizar a los demás es que en algún momento este aura de perfección que le hemos dado, se irá debilitando y empezaremos a ver a la persona como realmente es.

Y es en este momento cuando muchas personas se sienten humilladas o engañadas.

Pero es algo que tiene que ver con cómo veíamos nosotros a esa persona y no con algún cambio que haya hecho la persona en sí misma.

Por ello, para no acabar cayendo en la trampa de idealizar a los que nos rodean, debemos trabajar nuestro autoestima de manera que sintiéndonos bien con nosotros mismos no nos veremos inferiores a nuestra pareja.

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La comparación con otros

maría robles comparación

¿De dónde viene la comparación?

La comparación es algo a lo que estamos acostumbrados desde pequeños, pero NO desde que nacemos. Vivimos sin compararnos hasta aproximadamente los 12-18 meses, cuando por primera vez nos reconocemos a nosotros mismos.

Una vez que nos reconocemos a nosotros mismos, los demás cobran también otro sentido para nosotros y, sin quererlo, se convierten en otros “espejos” para nosotros. Soy más pequeño que mi hermano, soy más alto que esa niña, soy muy parecido a papá… Y de esta manera pareja a la creación de la identidad, se va construyendo el autoestima.

Además, la comparación no siempre es mala. Necesitamos tener unos cánones con los que compararnos para que la sociedad funcione.

¿Qué hacemos cuando nos comparamos con los de nuestro entorno?

Al compararnos con algo siempre nos estamos poniendo en situación de inferioridad, no nos comparamos con algo que creemos que tiene menos cualidades que nosotros o con cosas que no tienen valor para nosotros. Siempre nos comparamos con aquello que anhelamos poseer ya sean cualidades, relaciones, objetos materiales, oportunidades vitales…

La comparación tiene un componente de idealización o deseo por aquello con lo que nos comparamos, y por ello, siempre vamos a salir perdiendo.

Además no nos comparamos como una totalidad cuando nos comparamos con alguien, me explico: nos comparamos con X porque tiene las oportunidades laborales que a nosotros nos gustarían, con Y porque tiene unas facciones que la hacen muy atractiva, con Z porque tiene la casa que desearíamos, con H porque tiene la relación conyugal perfecta…. Y así sucesivamente.

Entonces no “nos cambiaríamos” por una persona, sino que nos cambiaríamos por diferentes personas en distintos ámbitos. Por ello la comparación también tiene una parte de irrealidad ya que no nos cambiaríamos enteros por otra persona, sino solamente algunos aspectos.

¿Qué pasa si nos comparamos diariamente?

A menudo nos pasamos el día pensando y nos sumergimos en una espiral de pensamientos comparativos, pues hemos de empezar a ir identificándolos, y cuando lo hagamos recordarnos que la comparación es una fuente de frustración crónica.

Esta frustración puede acabar dando lugar a trastornos de ansiedad, del sueño o del estado de ánimo y, en resumen, a una infelicidad constante. Nunca vamos a reunir los suficientes requisitos ni a tener las suficientes pertenencias.

¿Qué debemos hacer?

Debemos ser en todo momento conscientes de lo que estamos sintiendo, lo que no es fácil, pero se puede entrenar día a día. La única comparación aceptable es con uno mismo, pues uno mismo es la única persona que ha pasado por las mismas circunstancias vitales, y por eso solamente debemos compararnos con nuestro yo del pasado.

Mirar a los demás nos hace sentirnos pequeños y volver atrás, porque solamente nos fijamos en aquellos que van por delante y nunca en los que van por detrás. Además cada persona tenemos unas vivencias personales diferentes a las de cualquier otra persona.

Nuestras cualidades, nuestros defectos, nuestra red de soporte afectivo, las oportunidades económicas, la familia… todo es diferente de una persona a otra, por ello al igual que somos capaces de ver estas diferencias, hemos de ser capaces de interiorizar que la comparación carece de sentido porque nadie a vivido y sentido exactamente lo mismo que uno mismo.

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Comparación: un mal hábito

María Robles Comparación: mal hábito

La comparación con el que tenemos al lado es muy frecuente.

Solemos compararnos con los que tenemos alrededor, y no nos damos cuenta del sufrimiento interno que lleva parejo este hábito.

Cuando alguien se compara con alguien o con algo, automáticamente se pone en una posición de inferioridad, y por ello la comparación siempre es negativa para nosotros mismos.

Solemos compararnos con personas más exitosas, que tienen mejor forma física, que tienen alguna cualidad que nosotros deseamos…

Y esto es porque nunca nos vamos a comparar con alguien que creamos que tiene menos cualidades que nosotros.

Además no nos comparamos en global, sino que nos comparamos en alguna cualidad en concreto de las que nosotros flaqueamos, contribuyendo así a pensar que tenemos que mejorar muchos aspectos de nosotros mismos.

O también a sentirnos mal con nosotros mismos día tras día, comparación tras comparación.

¿Hay alguna comparación que puede ser beneficiosa?

La única comparación que está permitida es aquella que hacemos con nosotros mismos, con nuestro yo del pasado.

Cada persona es única y ha tenido unas vivencias y unas oportunidades diferentes, por ello no podemos compararnos con alguien que no ha vivido, sentido y tenido las mismas oportunidades que nosotros.

Las comparaciones son negativas porque distorsionan la imagen que tenemos de nosotros mismos, cuanto más nos comparemos, más se distorsionará.

Una persona que se compara mucho con los demás suele tener baja autoestima y con este hábito contribuirá a que su autoestima disminuya aún más.

Si nos comparamos diariamente con los demás no nos daremos cuenta de todas las cosas buenas que nosotros tenemos. Y no nos dejará avanzar ni progresar en nuestro camino.

Hemos de aprender a apreciar lo bueno que tienen los demás y admirarlo, no a envidiarlo. La envidia, por “muy buena” que digamos que es, es mala en todas sus formas.

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Efecto antabus

María Robles efecto antabus

¿Qué es el antabus?

El antabus es el nombre comercial del principio activo disulfiram. El disulfiram es un fármaco interdictor que se utiliza en el tratamiento del trastorno por consumo de alcohol o alcoholismo.

La acción del disulfiram (disulfuro de tetra-etil-tiuram) fue descubierta por casualidad antes de la segunda guerra mundial por un grupo de investigadores (Jacobsen, Hald y Ferguson) mientras buscaban un medicamento eficaz para las lombrices intestinales.

Hald y Jakobsen probaron ellos mismos el disulfiram para ver sus efectos y ambos coincidieron en que presentaban fuertes ataques de malestar después de algunas comidas. No fue hasta que ambos cenaron juntos y bebieron licor, que pudieron relacionar el consumo del alcohol con sus fuertes malestares.

Años más tarde, en 1947, Jacobsen contó la anécdota a unos médicos y uno de ellos pensó en las posibilidades del disulfiram como tratamiento para el abuso de alcohol, y así nació el Antabus tal y como lo conocemos hoy (Kragh, 2008).

¿Cómo funciona?

Cuando se consume alcohol, el hígado lo metabólica mediante una serie de reacciones químicas. El antabus inhibe la enzima aldehído deshidrogenasa que cataliza la oxidación del acetaldehído a acetato, por ello se acumula acetaldehído y da lugar al efecto antabús.

El antabus inhibe de forma irreversible la actividad de la acetaldehido deshidrogenasa. Por ello es muy importante tener en cuenta que hasta los 3 o 4 días después de interrumpir el tratamiento con antabus no se recupera la actividad normal de esta enzima.

Esto quiere decir que NO se puede consumir alcohol hasta unos 5-7 días después de haber finalizado el tratamiento con antabus, porque sino se puede sufrir el efecto antabus.

¿Qué es el efecto antabus?

El efecto antabus se manifiesta a los 10 minutos tras la ingesta de alcohol. Cantidades incluso pequeñas de alcohol dan lugar a esta reacción, provocando:

  • Enrojecimiento
  • Palpitaciones en cabeza y cuello
  • Cefalea pulsátil
  • Dificultad respiratoria
  • Náuseas
  • Vómitos abundantes
  • Sudoración
  • Sed
  • Dolor torácico
  • Palpitaciones
  • Disnea o hiperventilación
  • Taquicardia
  • Hipotensión
  • Síncope
  • Notable inquietud
  • Debilidad
  • Vértigo
  • Visión borrosa
  • Confusión

Además, en reacciones graves puede existir depresión respiratoria (fallo respiratorio), colapso cardiovascular, arritmias, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca congestiva aguda (enfermedades del corazón), pérdida de conciencia, convulsiones e incluso muerte.

El efecto antabus se llama también reacción aldeídica, por la acumulación de acetaldehído en la sangre.

¿Cuáles son los efectos secundarios más frecuentes sin que haya consumo de alcohol?

  • somnolencia
  • dolor de cabeza,
  • dolor y hormigueo en brazos y piernas
  • problemas para digerir alimentos o incluso para tragar
  • pérdida de la visión en un ojo en el transcurso de una o pocas horas, cambios en la forma como la pupila reacciona a la luz brillante, pérdida de la visión en color, dolor al mover el ojo (neuritis óptica)
  • hormigueos en extremidades inferiores, dolor, disminución de la sensibilidad, dolor muscular, atrofia muscular (polineuritis).
  • nauseas, vómitos, diarrea
  • adormecimiento
  • fatiga, malestar general
  • pérdida del gusto, sabor metálico o a ajo
  • picazón de la piel, enrojecimiento o inflamación de la piel, sensibilidad de la piel, inflamación localizada de la piel, erupción en la piel, lesiones de cualquier tipo: enrojecimiento, salpullido, pápulas (similares a granos), vesículas y ampollas

Contraindicaciones

Es imprescindible que el paciente sepa que está tomando esta medicación. No se puede administrar bajo ningún concepto sin su conocimiento.

  • Enfermedad Cardiovascular
  • Enfermedad Cerebrovascular
  • Hepatopatía crónica descompensada
  • Insuficiencia Renal Crónica
  • Neuropatía crónica Grave
  • Encefalopatías orgánicas
  • Epilepsia
  • Neuropatías Psicosis
  • Embarazo

¿Cuánto tiempo se tiene que tomar?

Cabe destacar que varios estudios aconsejan un mínimo de 12 meses de tratamiento con interdictores, sin embargo en la literatura hay casos de pacientes que lo han tomado hasta 10 y 15 años de forma continuada (Galanter y Brook, 2001).

Sin duda alguna se debe ajustar el tiempo a los objetivos terapéuticos y a las peculiaridades del paciente, pero generalmente se considera un mínimo de 1 año de administración para alcanzar metas positivas.

¿Qué se ha de tener en cuenta?

El antabus reacciona con todos los tipos de alcohol, es decir, que no solamente con el alcohol que está presente en las bebidas alcohólicas sino también en otros preparados.

Por ello, hay que ser cuidadosos con los siguientes productos:

  • Salsas
  • Vinagres
  • Enjuagues bucales
  • Jarabes para la tos
  • Preparados para después del afeitado
  • Colonias y desodorantes
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