María Robles consumo de alcohol

El trastorno por consumo de alcohol define el consumo excesivo y recurrente de alcohol, a pesar de las consecuencias económicas, sociales y de salud que conlleva. Las personas con este trastorno tienen poca capacidad para dejar o disminuir la ingesta de bebidas alcohólicas.

Las personas con trastorno por consumo de alcohol ansían beber desesperadamente (craving) y pueden llegar a desarrollar tolerancia a sus efectos, o bien, síndrome de abstinencia. En este último caso, y al dejar de beber, aparecen signos neurológicos de abstinencia: manifestación evidente de la dependencia física al alcohol.

El alcohol es la sustancia psicoactiva de más consumo en el mundo y a todas las edades. Su metabolización se realiza principalmente en el hígado, a través de la oxidación. Primero se transforma en acetaldehído y luego en ácido acético.

Las bebidas con etanol (“alcohólicas”) tienen un alto efecto depresor y de toxicidad, con lo que las consecuencias suelen ser fatales para las personas con trastorno por consumo de alcohol: deterioro físico-cognitivo y aislamiento social.

El DSM-V (APA, 2014) integra en un único trastorno (trastorno por consumo de alcohol), los dos trastornos que recogía el DSM-IV: el abuso del alcohol y la dependencia del alcohol.  El DSM-V clasifica el trastorno por consumo de alcohol en tres grandes grupos, según su gravedad: leve, moderado o severo.

¿Cómo funciona en nuestro cuerpo?

El alcohol se distribuye por todo el cuerpo a los pocos minutos de beber. Casi todo el alcohol se metaboliza en el hígado, donde el alcohol se convierte en acetaldehído que, a su vez, es metabolizado en acetato. La acumulación excesiva de acetaldehído provoca el “alcoholismo”.

El alcohol también alcanza fácilmente al riego sanguíneo del cerebro. En las personas no alcohólicas, la intoxicación se produce a partir de niveles de alcohol en sangre de 50 a 150 mg por dl. Concentraciones de alcohol en sangre de 500 mg por dl pueden ser mortales, ya que producen depresión respiratoria e hipotensión. Las personas con alcoholismo son más resistentes a la intoxicación por alcohol que las personas no alcohólicas (Diamond, 1994).

Los efectos del abuso del alcohol suelen manifestarse en euforia y pérdida de inhibiciones sociales, pero, a veces, las personas intoxicadas pueden mostrarse sombrías y beligerantes. Con concentraciones de etanol en sangre más elevadas, la función de coordinación de movimientos del cerebro y de equilibrio y control espacial se deterioran, y puede sobrevenir el letargo. Los “desmayos” alcohólicos pueden producirse durante el consumo excesivo de alcohol y se caracterizan por horas de amnesia mientras se está despierto. El recuerdo inmediato y la memoria a largo plazo son normales, pero los nuevos acontecimientos se olvidan, como en los pacientes con amnesia global transitoria.

Diagnóstico del Trastorno por Consumo de Alcohol

El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-5) considera que se puede diagnosticar el trastorno por consumo de alcohol si los pacientes presentan deterioro o malestar clínicamente significativo por la presencia de al menos 2 de los siguientes síntomas durante un período de 12 meses:

  • Tomar alcohol en cantidades mayores o por más tiempo de lo previsto.
  • Desear en forma persistente o intentar sin éxito disminuir el consumo.
  • Usar mucho tiempo para obtener la bebida, embriagarse o recuperarse de los efectos.
  • Necesidad de consumir alcohol.
  • Incapacidad repetitiva de cumplir con las obligaciones en el trabajo, el hogar o la escuela a causa del consumo.
  • Continuación del uso de alcohol a pesar de tener problemas sociales o interpersonales recurrentes a causa de esta sustancia.
  • Renunciar a actividades sociales, laborales o recreativas importantes a causa del consumo.
  • Uso de alcohol en situaciones físicamente peligrosas.
  • El uso continuo de alcohol a pesar de tener un trastorno físico (p. ej., enfermedad hepática) o mental (p. ej., depresión) causada o empeorada por el alcohol.
  • Tener tolerancia al consumo.
  • Síntomas de abstinencia tras el cese o la disminución del consumo.

Estudios científicos evidencian rasgos de personalidad comunes en los pacientes que sufren trastorno por consumo de alcohol: sentimientos de aislamiento, soledad, timidez, depresión, dependencia, impulsividad hostil y autodestructiva e inmadurez sexual.

El patrón no adaptativo de este trastorno suele iniciarse con la voluntad de beber para conseguir un estado de bienestar que con el tiempo se querrá repetir, y con la intención que perdure más. Las consecuencias del trastorno por consumo de alcohol pueden llegar a ser dramáticas, ya que el paciente con este trastorno, si es grave, sufre deterioro físico y psíquico avanzado. La intoxicación es evidente y destructiva, con graves consecuencias para la propia vida y también sociales (aislamiento, pérdida de empleo, abandono de estudios, etc.).

¿Qué efectos produce el alcohol a corto y a largo plazo?

El consumo abusivo causa problemas de salud a corto y a largo plazo: cáncer de garganta, de pecho, problemas hepáticos, muerte prematura, insuficiencia cardíaca, inflamación del páncreas, del estómago, malnutrición, temblores, úlceras, hormigueo en los dedos de los pies, resfriados frecuentes, poca resistencia a las infecciones y problemas sexuales en los hombres (ASPB, 2020).

Trastornos en el estómago, intestino e hígado

El consumo de grandes cantidades de bebidas alcohólicas provoca alteraciones en la absorción de los nutrientes en el intestino delgado, incluidas varias vitaminas, por lo que es habitual que la persona alcohólica sufra de malnutrición (Bode, 2003). El alcohol inhibe la absorción de sodio y agua, lo que contribuye a desarrollar diarrea y a sufrir molestias estomacales. En alcohólicos crónicos con cirrosis y/o pancreatitis, se evidencian alteraciones en la digestión y mala absorción de hidratos de carbono, lípidos, proteínas y vitaminas.

El alcohol incide significativamente en el sistema inmunitario de la mucosa del intestino, incrementando su permeabilidad a las toxinas y afecta gravemente al cerebro.

El consumo excesivo puede provocar lesiones y hemorragias en la mucosa del intestino, disminuyendo su capacidad inmune y originando infecciones. La permeabilidad de la mucosa intestinal aumenta con el consumo de alcohol y, por tanto, facilita el desplazamiento de toxinas bacterianas a la sangre, con lo que el hígado se ve expuesto a estas toxinas y al riesgo de lesión hepática. La metabolización que nuestro intestino hace del alcohol tiene como consecuencia la acumulación de acetaldehído tóxico en el colon, un factor causante del cáncer colorrectal (Bode, 2003).

Trastornos neurológicos

Algunos trastornos neurológicos relacionados con el alcoholismo se deben principalmente a una nutrición inadecuada (la deficiencia de tiamina causa encefalopatía de Wernicke-Korsakoff que se caracteriza por la ataxia – descoordinación en los movimientos, en la visión y confusión general-), pero otros trastornos neurológicos son consecuencia de la neurotoxicidad que provoca el alcohol en el cerebro (síndrome de abstinencia del alcohol y demencia) y en los nervios periféricos (neuropatía alcohólica -disminución del funcionamiento de los nervios- y miopatía -debilidad, dolor y atrofia de la musculatura-).

La neuropatía alcohólica es la complicación neurológica más común en el trastorno por consumo de alcohol. Los pacientes informan de parestesias (sensación anormal que se siente en el cuerpo debito a la compresión de algunos nervios), dolor y debilidad, especialmente en los pies.

La demencia alcohólica se caracteriza porque el paciente sufre déficits cognitivos y de memoria debido al efecto neurotóxico directo del etanol en el cerebro.

El síndrome de abstinencia se caracteriza por la aparición de temblores, percepciones desordenadas, convulsiones y por delirium tremens. Estas reacciones parecen deberse a mecanismos neuronales de adaptación cuando ya no deben oponerse a los efectos depresivos del etanol (Diamond, 1994).

El temblor es un síntoma común que comienza de seis a ocho horas después de la última bebida y que empeora en uno o dos días. El tratamiento con fármacos y con efecto calmante resultan eficaces.  También pueden producirse trastornos de la percepción – las experiencias visuales, auditivas y sensoriales se distorsionan y malinterpretan- a las 24 ó 36 horas y desaparecen en pocos días. Pesadillas que irrumpen el sueño y alucinaciones auditivas pueden persistir durante semanas.

La agitación, la confusión global, el insomnio, las alucinaciones aterradoras y la hiperactividad simpática (elevación de la frecuencia cardiaca, presión arterial, frecuencia respiratoria, temperatura y sudoración) caracterizan el delirium tremens. Estos signos alarmantes se desarrollan varios días después de la aparición de los temblores y la excitabilidad generalizada. Se trata de un trastorno grave y las anormalidades electrolíticas asociadas, como la hipertermia (calentamiento del cuerpo fuera de lo normal) y la deshidratación, pueden ser fatales. El tratamiento al abuso de alcohol debe incluir la reposición de líquidos, la corrección de los trastornos electrolíticos asociados y la prescripción de fármacos con efecto sedante (Diamond, 1994).

Bibliografía

  • American Psychiatric Association (APA). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. DSM-V (quinta edición). Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2014.
  • Bode C, Bode JC. Effect of Alcohol Consumption on the Gut. Best Pract & Res Clin Gastroenterol 2003; 17(4):575-592.
  • Diamond I, Messing RO. Neurologic Effects of Alcoholismo. West J Med 1994; 161(3):279-287.
  • Donat M, Sordo L, Belza MJ, Barrio G. Mortalidad atribuible al alcohol en España 2001-2017. Madrid: Plan Nacional Sobre Drogas (PNSD), 2020. Accesible en: https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/publicaciones/catalogo/catalogoPNSD/publicaciones/pdf/2020_Mortalidad_atribuible_al_alcohol_en_Espana_2001-2017.pdf
  • Porthé V, Garcia-Subirats I, Villabí JR, Bartroli M, Ariza C, Juarez O, Diez E.  Prevención Comunitaria del Consumo de Alcohol en Personas Adultas en Barcelona. Barcelona: Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB), 2020.
  • World Health Organization (WHO). Global status report on alcohol and health 2018. Geneva: World Health Organization (ed.), 2018.



maria robles psiquiatra barcelona

Dra María Robles Martínez

Médico Psiquiatra

Consulta psiquiatría privada en Barcelona

Especialista en urgencias psiquiátricas, adicciones y patología dual.

www.mariarobles.es