Vivimos en una sociedad en la que se ha impuesto que hay que ser feliz por obligación. No se nos enseña a ello, no se enseña cómo ser emocionalmente inteligente desde los colegios.

Se nos bombardea de mensajes positivos en todos los sitios: en las redes sociales, en la publicidad, en los productos de papelería… Y es verdad que hay que intentar poner de nuestra parte para lograr ser felices y conseguir un bienestar emocional, pero no todo depende de nosotros mismos.

En la consulta me encuentro con muchos pacientes que sufren síntomas de ansiedad, o una depresión desde hace tiempo y reconocen que algo dentro de ellos no va bien, pero se asustan en gran medida solo de pensar que podrían estar sufriendo una depresión.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana. Los trastornos depresivos pueden estar, en mayor o menor grado, acompañados de ansiedad.

La depresión es un conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: como es la tristeza constante, decaimiento, irritabilidad, sensación de malestar, impotencia, frustración, disminución de la funcionalidad de la persona, cansancio, dificultad para disfrutar de las cosas o para desear hacerlas…

La depresión también se expresa mediante alteraciones en las capacidades cognitivas, volitivas o también a nivel somático.

El origen de la depresión es multifactorial. En su aparición influyen factores biológicos, genéticos y psicosociales.

Aún a día de hoy la depresión es concebida como un signo de debilidad mental, de fracaso, derrota o de vagancia, en ocasiones. En consulta es muy frecuente ver cómo personas que han tenido un alto rendimiento social, académico y laboral consultan porque han tenido problemas en algún ámbito vital y con el tiempo acaban presentando sintomatología ansioso-depresiva y no son capaces de gestionarlo porque lo ven como un signo de debilidad.

No aceptar la depresión como una enfermedad lleva a presentar sentimientos de fracaso, que se encadenan con los de pérdida de la valía personal, y todo esto lo que genera es un empeoramiento del estado afectivo, empeorando así la depresión.

La depresión NO es una debilidad, es una enfermedad.

Al igual que el cáncer, la diabetes, la hipertensión arterial, la gripe o la neumonía, la depresión es una enfermedad y como tal precisa de un tratamiento especializado ya sea psicológico y/o psicofarmacológico, y por ello no debemos sentirnos culpables. Las enfermedades se tratan y no se ocultan. A mi personalmente me gusta poner el ejemplo del cáncer o de la fractura de cadera: si se padeciese alguna de estas dos enfermedades, ¿qué sería lo más lógico?

En el caso del cáncer valorar operación y/o radioterapia y/o quimioterapia hacer un alto en algunos aspectos de la vida para centrarse en recuperar la salud. De la misma manera, cuando alguien se fractura la cadera, lo más sensato es operarse para poder volver a caminar con normalidad, y durante un tiempo tiene que guardar reposo.

Pues bien, si por las enfermedades físicas paramos y hacemos tratamiento… ¿por qué tememos tanto hacerlo por las mentales? No es mostrar debilidad, sino al contrario, es mostrar fortaleza al hacer frente a un estado de salud que no nos está beneficiando.

Con esto no quiero decir que haya que coger la baja laboral o abandonar todas las actividades y obligaciones, sino que hay que valorar cada caso. Lo que quiero decir es que no es motivo de sentirnos fracasados ni débiles por padecer una depresión.

Aquí podéis leer el testimonio de una psicóloga que sufrió ansiedad y decidió contarlo a los demás para ayudarles a entender lo que se siente, y también para contribuir a disminuir los mitos o estigmas frente a las enfermedades mentales.




maria robles psiquiatra barcelona

Dra María Robles Martínez

Médico Psiquiatra

Consulta psiquiatría privada en Barcelona

Especialista en urgencias psiquiátricas, adicciones y patología dual.

www.mariarobles.es