Hoy dejamos atrás el 2018 y damos paso a un nuevo año: 2019.

Los últimos días del año siempre suelen ser unos días más reflexivos mientras se hace el balance de los 365 días anteriores que hemos vivido.

Hay años buenos y años malos, y de todos ellos se aprende. Siempre hay cosas buenas y también cosas malas, aunque a veces la balanza está muy desequilibrada. Y no por ello debemos rendirnos ni quedarnos solamente con las cosas malas.

Las cosas malas o infortunios que nos pasan en la vida nos enseñan cosas, nos hacen fuertes, valientes y más sabios. Nos enseñan también quién está a nuestro lado y quién merece estar en los momentos buenos.

Cada tropiezo es una enseñanza. No es malo caer, ni tropezar siempre con las mismas piedras, pero hay que hacer una lectura de ello y poner todos nuestros recursos personales para que las caídas cada vez sean más leves y menos dolorosas, hasta que aprendamos a caminar por otros caminos. Y si no somos capaces de hacerlo solos, hemos de pedir ayuda.

Pedir ayuda profesional no es malo, es ser valiente y emponderarse a uno mismo para conseguir lo que se quiere. Y a veces es justamente eso, que no sabemos lo que queremos, pero al menos hay que saber qué es lo que no queremos. Y a eso también se aprende a base de tropiezos y de experiencias.

Para estar arriba del todo y poder disfrutar de las cosas buenas o fortunas que nos trae la vida, es preciso estar abajo en algún momento, para valorar lo bueno hemos de conocer lo malo.

No es necesario sufrir por sufrir, pero sí entender que no siempre conseguimos nuestras metas, y que los sueños se rompen, y que en eso consiste la vida: en renovar recuerdos, en soñar más alto, en no dejar nunca de ilusionarse con las pequeñas cosas.

Los momentos buenos nos hacen sentirnos bien, nos hacen disfrutar, reír, sentirnos libres. Y hay que aprovecharlos, paladearlos y disfrutarlos. Porque nunca se sabe cuándo volverán o cuándo se podrán repetir. Y es por ello que hay que vivir intensamente las cosas buenas, para llenarnos de recuerdos, vivencias y experiencias que nos impulsen a levantarnos cuando nos caemos.

Espero que todo lo malo de este año nos siga impulsando, y que todo lo bueno nos haga sonreír cuando nadie nos ve.

Os deseo un 2019 lleno de cosas inesperadas, de amor propio (que no ego), de brillo en los ojos y sobre todo: de ganas de más.

¡Feliz Año Nuevo!

Un abrazo,

María




maria robles psiquiatra barcelona

Dra María Robles Martínez

Médico Psiquiatra

Consulta psiquiatría privada en Barcelona

Especialista en urgencias psiquiátricas, adicciones y patología dual.

www.mariarobles.es