
Si quieres dejar de fumar, sigue leyendo porque podemos ayudarte.
¿Qué hay en el humo del tabaco?
El humo del tabaco fumado es un aerosol constituido por una fase gaseosa y una fase sólida o
de partículas. Se han aislado más de 4.000 componentes del humo del tabaco, unos 400-500 se
hallan en la fase gaseosa y el resto, en la de partículas.
Se sabe que el humo del tabaco, demás de nicotina tienen muchas otras sustancias nocivas de las que al menos 70 de ellas son cancerígenas.
Entre las más prevalentes encontramos:
- Nicotina
- Monóxido de carbono
- Ácido cianhídrico
- Aldehído fórmico
- Plomo
- Arsénico
- Amoniaco
- Elementos radiactivos, como el uranio (más información al respecto a continuación)
- Benceno
- Nitrosaminas específicas del tabaco
- Hidrocarburos aromáticos policíclicos
En los últimos años ha surgido el consumo de cigarrillos electrónicos (e-cigarettes) y otros sistemas electrónicos de liberación de nicotina. La promoción de su uso se ha basado en que resultan menos dañinos para la salud, pero contienen sustancias tóxicas y carcinógenas de las que se conoce su daño potencial en concentraciones similares a las de un cigarrillo convencional y otras todavía en estudio, tanto si contienen nicotina como si no (Llambí y cols., 2020). Se requieren más estudios en el futuro, sin conflictos de intereses.
¿Cuánta nicotina tiene un cigarro?
¿Cuáles son los beneficios de dejar de fumar?
Tanto la morbilidad como la mortalidad general disminuyen sensiblemente tras el abandono del hábito.
Se estima que un fumador que deja de fumar antes de los 50 años tiene la mitad de probabilidades
de morir en los siguientes 15 años que los que siguen fumando. El informe pionero, publicado por
el U.S. Department of Health and Human Services (1990), supuso un antes y un después en el interés
por este tema.
Los beneficios de dejar de fumar son evidentes a cualquier edad y para ambos sexos, sea cual sea
la duración del hábito previo, por lo que debe aconsejarse siempre (U.S. Department of Health and
Human Services, 2020). Puede estimarse que, tras 10-15 años de cesación, el riesgo de muerte se
equipara al de los que nunca han fumado y que los beneficios son inversamente proporcionales a
la duración del hábito y a su intensidad, y directamente proporcionales al tiempo de ex fumador.
La mejoría más sustancial ocurre en el riesgo de mortalidad por cáncer de pulmón, el cual se equipara
prácticamente al del no fumador hacia los 10-15 años de cesación (U.S. Department of Health and Human
Services, 2020).
Por lo que se refiere a las enfermedades coronarias, hay suficiente evidencia acumulada de que la
cesación tabáquica se acompaña de una reducción del riesgo de infarto de miocardio y, muy especialmente, de la mortalidad asociada. Dicha mortalidad disminuye entre un 15 y un 61 % durante
un período de observación que va de 2 a 10 años. Los resultados son parecidos en el caso del accidente
vascular cerebral.
En cuanto a las enfermedades respiratorias, tras el abandono, se experimenta una importante mejoría de
los flujos respiratorios, y se limita el deterioro de la función respiratoria propia de la edad, agravada en el
fumador. Las lesiones bronquiales también remiten espectacularmente al abandonar el hábito.
Los beneficios del abandono del hábito durante el primer trimestre del embarazo son especialmente aparentes. Así, el peso al nacer del bebé se equipara prácticamente al de la no fumadora y las complicaciones perinatales asociadas se reducen de manera significativa. También la cesación tabáquica influye en la edad de aparición de la menopausia, en el sentido de retrasarla a las edades habituales y de disminuir el riesgo de aparición de osteoporosis.

¿Existe un método infalible para dejar de fumar?
Lamentablemente, desde nuestra experiencia, no podemos afirmar que exista un método infalible para dejar de fumar. Sí que podemos hablar de tratamientos y técnicas eficaces para ello, pero ninguna infalible.
Cada persona es diferente, y por ello su situación personal, su entorno, su adicción y su biología son diferentes, por eso es frecuente que lo que a una persona le funcione, a otra no. Incluso dentro de la misma casa, la misma familia o el mismo grupo de amigos o conocidos.
Por eso no podemos generalizar a la hora de hablar de un tratamiento infalible para dejar de fumar, pero en este artículo os enseñaremos diferentes recursos a nivel de técnicas, trucos y pastillas o tratamientos para dejar de fumar.
¿Cómo dejar de fumar?
El primer paso para dejar de fumar es querer hacerlo realmente. Quizás parece una tontería, pero no es raro que muchas personas acudan a consulta para dejar de fumar por la presión familiar o incluso de los médicos tras el diagnóstico de alguna enfermedad pulmonar o cancerígena, pero realmente no quieren dejar de fumar.
No tienen motivación para ello, no están preparados para hacer ese cambio. Por eso lo primero de todo es prepararse para el cambio.
¿Por dónde empezar a dejar de fumar?
Una vez que estamos dispuestos a dar el paso para dejar de fumar, tenemos que empezar a organizar nuestro entorno, para que nos sea más sencillo iniciar este nuevo camino.
Consejos para dejar de fumar:
- Tirar todo el tabaco que tenga en casa, en la oficina, en el coche, etc.
- Retirar todos los ceniceros de su entorno.
- Lavar su ropa o sus cortinas si huelen a tabaco.
- No tomar café o bebidas estimulantes durante unos días.
- En lugar de sentarse en el sofá a ver la tele después de cenar, hacer otra cosa.
- Tener a mano zumos de frutas.
- Pensar qué otras cosas va a hacer en esos momentos en que antes fuma un cigarrillo (¡no confíe en la «fuerza de voluntad»!).
- Comunicar a todas las personas que le rodean (familia, amigos, compañeros de trabajo) que ha dejado de fumar. De este modo, adquiere un compromiso mucho mayor.
- Colocar señales a modo de recordatorio, para usted y para los demás, sobre todo en los lugares que no puede evitar y donde otros fuman.
- Colocar su lista de ventajas de dejar de fumar en un sitio visible.
- Hacer una lista con las situaciones que va a evitar o en las que va a introducir cambios.
- Hacer algo de ejercicio físico. Puede apuntarse a algún gimnasio, salir a correr montar en bicicleta, o simplemente bajarse del autobús una parada antes y caminar.
- Afortunadamente, hoy en día tenemos tratamientos eficaces para el tratamiento de la nicotina, y no hace falta recurrir a remedios de la abuela para poder dejar de fumar.
¿Qué opciones farmacológicas tenemos para dejar de fumar?
La terapia sustitutiva de nicotína se basa en la administración de nicotina por una vía diferente
a la del consumo de cigarrillos, en cantidad suficiente para reducir los síntomas de abstinencia. Los
métodos de administración que se utiliza son el chicle o goma de mascar, el parche transdérmico, el
espray nasal, el inhalador bucal y otras presentaciones más recientes como la microtableta sublingual o
los comprimidos orales.
Junto con el consejo de un profesional sanitario y bajo su supervisión, este tipo de soporte farmacológico
es una ayuda valiosa para al abandono del tabaco, que resulta especialmente útil en aquellos fumadores
con dependencia moderada o alta a la nicotina y claramente motivados para dejar de fumar.
Parches de nicotina
El parche de nicotina procura nicotina por vía transdérmica, lo que reduce los síntomas de abstinencia. Antes del uso, la capa adhesiva está cubierta por una lámina protectora, recubierta de aluminio, desprendible. Dentro de la matriz, existe un material absorbente saturado con una cantidad de nicotina en solución, exactamente dosificada. El conjunto del parche está protegido por un revestimiento de liberación impermeable. Mientras el sistema permanece fijado, la nicotina es absorbida a través de la piel a una velocidad estable, que se distribuye por la circulación sistémica y mantiene unos niveles plasmáticos constantes que se corresponden con los perfiles obtenidos al fumar un cigarrillo cada hora.
Chicles de nicotina
Fue el primer tipo de terapia sustitutiva que se desarrolló. El chicle o goma de mascar nicotínico procura
nicotina a través de la mucosa bucal. Mediante este tipo de Terapia Sustitutiva de Nicotina (TSN), se obtiene unos niveles de nicotina en sangre que oscilan entre 5 y 10 ug/l a los 15 o 30 minutos. El 90 % de la nicotina se libera durante los primeros 20-30 minutos.
Suele necesitarse unos días de adaptación, ya que, al principio, el sabor de los chicles puede resultar
desagradable.
Espray nasal de nicotina
Esta técnica de TSN consiste en un espray nasal mediante el cual la persona puede instilar 0,5 o 1 mg de nicotina en cada una de sus fosas nasales tantas veces como quiera, sin sobrepasar una dosificación de cinco dosis a la hora (5 mg nicotina) y 40 dosis al día (40 mg de nicotina).
Con este método, se consiguen unos picos de nicotina en sangre venosa periférica de alrededor de 15 ug/l a los cinco minutos de la instilación. Son, pues, niveles próximos a los obtenidos con el consumo de cigarrillos y de forma más rápida que con el chicle.
Caramelos de nicotina
Estos preparados están diseñados para disolverse lentamente en la boca durante 20-30 minutos. El perfil de absorción de nicotina y la dosis liberada son muy similares a los del chicle de 2 mg y el inhalador, presentaciones con las que comparten los principales puntos fuertes y débiles. Una ventaja frente al chicle es que pueden utilizarlas pacientes con problemas temporo-mandibulares.
Bupropion
El bupropion es un agente con indicación antidepresiva en dosis más elevadas, cuyo mecanismo de acción es el agonismo funcional de los sistemas noradrenérgico y dopaminérgico. Su mecanismo bioquímico consiste en el bloqueo de las bombas de recaptación de ambos neurotransmisores.
El tratamiento se inicia una o dos semanas antes del día fijado para el abandono; con el fin de alcanzar niveles plasmáticos estables del fármaco, es preferible dejar de fumar en la segunda semana. Se aconseja mantener el tratamiento entre 7 y 12 semanas, aunque este puede prolongarse especialmente si existe diagnóstico de depresión.
El bupropion asociado al parche de nicotina aumenta su eficacia de forma significativa, y supera ampliamente el 30 % de cesación al año de seguimiento.
Citistina
Es un alcaloide vegetal que actúa de forma parecida a nicotina ya que se une a los mismos receptores cerebrales que la nicotina, y no deja que la nicotina se una a esos receptores, lo que hace que disminuyan las ganas de fumar y el refuerzo placentero.
El tratamiento con citistina es de 25 días: 6 pastillas al día (una cada 2 horas) durante los 3 primeros días de tratamiento. Del cuarto al duodécimo, tomará una pastilla cada 2,5 horas (cinco al día). A partir de ese momento, se tiene que dejar de fumar, ya que la dosis diaria se reduce a cuatro pastillas entre los días 13 y 16, a tres del 17 al 20 y a una o dos tomas hasta completarlo a los 25 días.