María Robles Delirios parte dos

En este nuevo post seguimos describiendo los principales tipos de delirios:

Delirios megalomaníacos.

El paciente se cree poseedor de facultades extraordinarias, o bien perteneciente a algún noble linaje o se siente protagonista de una misión especial. Una variante de este tipo de delirios son los delirios religiosos o místicos, en los que el paciente cree tener una vinculación especial con la divinidad o con algún poder extranatural.

Delirios de culpa y condenación.

La persona está convencidos de haber cometido algún mal o pecado y, en algunos casos, se creen deudores de un castigo o temen recibir alguno. Por esta razón, interpretan todo lo que les rodea como una señal de esa penitencia que les va a llegar.

Delirios hipocondríacos.

El paciente está convencido de sufrir una enfermedad e interpreta los signos corporales normales de acuerdo con esta creencia. Aquí, es difícil discernir, en ocasiones, cuándo nos hallamos frente a una idea delirante o, simplemente, frente a una idea sobrevalorada. Un delirio de este grupo es el delirio dismorfofóbico, según el cual, la persona que lo sostiene está convencida de que alguna parte de su físico es fea o desproporcionada.

Delirios de infestación.

En este tipo de delirio, el paciente cree estar infestado por parásitos, que suelen ser pequeños, pero visibles para él. El paciente siente a los insectos correr por su piel y afirma verlos en ocasiones. Este delirio ha sido denominado síndrome de Ekbom.

Delirios de pobreza y ruina.

El paciente cree haber perdido sus posesiones o estar a punto de ello. Junto a esta creencia, se acompañan sentimientos de temor y, a veces, de culpa, por haber dejado a sus familiares en la ruina.

Delirios de negación o nihilísticos.

Se trata de una temática infrecuente por la que el paciente cree que ciertas partes de su organismo o funciones fisiológicas de este han desaparecido. Estos cambios no se operan sólo en su interior, sino que el mundo que le rodea se torna extraño, pierde la familiaridad cotidiana que hasta entonces había tenido para él y llega un momento en que hasta puede desaparecer completamente.

Al final, la persona niega la existencia de todo: de su cuerpo, del mundo real, de sus personas cercanas, de su biografía y hasta de él mismo. Recibió el nombre (delirio de negación de Cotard).




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Dra María Robles Martínez

Médico Psiquiatra

Consulta psiquiatría privada en Barcelona

Especialista en urgencias psiquiátricas, adicciones y patología dual.

www.mariarobles.es